Sándor Márai, narrador
La partida
Después de un rato se vistió y se fue. Anna se quedó en el lecho sin moverse, como si durmiera. La miró desde la puerta y temió que pudiera resfriarse si seguía mucho tiempo así, desnuda. Volvió y la tapó con cuidado. Salió de la habitación de puntillas, en el vestíbulo aún pensó que tal vez debería recoger unas cosas, ropa o libros; pero de pronto miró el reloj como temiendo llegar tarde a alguna parte y se marchó apresuradamente.
(trozo tomado de La extraña, ed. Salamandra, col. Quinteto, traducción de Mária Szijj y J. M. Trevejo, Barcelona 2010.)
Después de un rato se vistió y se fue. Anna se quedó en el lecho sin moverse, como si durmiera. La miró desde la puerta y temió que pudiera resfriarse si seguía mucho tiempo así, desnuda. Volvió y la tapó con cuidado. Salió de la habitación de puntillas, en el vestíbulo aún pensó que tal vez debería recoger unas cosas, ropa o libros; pero de pronto miró el reloj como temiendo llegar tarde a alguna parte y se marchó apresuradamente.
(trozo tomado de La extraña, ed. Salamandra, col. Quinteto, traducción de Mária Szijj y J. M. Trevejo, Barcelona 2010.)
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