Vine al circo Vine al circo para ver de cerca el número del clown Carita de Huevo que, me dicen, mueve a llanto a multitudes obedientes al reloj. Sus ocurrencias hacen añicos la solemnidad de la corbata, los bigotes breves y atuzados, el aroma a lavanda y jabón. Hace su entrada triunfal luego que el trapecio baja de cúpulas, frisos y torres de iglesias, castillos y edificios soñolientos de nubes. Con una sonrisa que a todos les es familiar, se acicala el bigote sin necesidad, como si maliciase una idea. Aunque no dice palabra mientras el péndulo del columpio es cada vez más dilatado, el público le aplaude con rabia. Suspendido del vaivén que casi roza los nidos de golondrinas en frisos y almenas, Carita de Huevo abre la botella y bebe. Con el primer eructo se desgrana otra ráfaga de aplausos. ...
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