Uriel Martínez (1950 )
DRAMATURGOS Y POETA:
LA PALABRA DESNUDA
Sinopsis: en esta ocasión nos ocupamos de dos dramaturgos
del siglo XX, Óscar Liera (Sinaloa) y Víctor Hugo Rascón Banda (Chihuahua) y
del poeta zapoteco nacido en el Istmo, Elvis Guerra, quienes le dieron al país
dos voces para la escena; y una voz
lírica que se ocupa del mundo del muxe, de los usos y costumbres de una minoría
racial y sexual pocas veces atendida por una sociedad occidental que le ha dado
la espalda a las minorías étnicas pese a la riqueza de su cultura.
1.
Hubo un tiempo en que los carros de comedia recorrían los
caminos y veredas llevando la buena nueva del teatro, hubo otro tiempo en que
los corrales eran el sitio en donde se representaban farsas de cornudos,
alcahuetas y graciosos. Moliere y Lope de Vega mantuvieron viva la llama del
teatro en los siglos XVI y XVII. Tres siglos más tarde llegan a este mundo dos
autores mexicanos que se ocupan de recrear héroes y mitos populares de hondas
raíces norteñas: Óscar Liera (Navolato) y Víctor Hugo Rascón Banda (Uruáchic),
uno muerto a los 44 años y el otro de sesenta.
2.
Óscar Liera escribió decenas de farsas y comedias que se
escenificaron en el teatro universitario, hasta que un buen día una banda de
golpeadores irrumpieron sobre el escenario del teatro Juan Ruiz de Alarcón
(UNAM) y la función de Cúcara y Mácara fue
suspendida. El clero envió a sus porros para advertir que con sus mitos nadie
juega. Después de este golpe político, Liera se va de la ciudad de México a su
tierra natal donde escribe y dirige El
jinete de la Divina Providencia (1985) con actores de formación
universitaria. Liera toma del inconsciente colectivo de su pueblo una figura
con harto arraigo: el bandido Jesús Malverde, tan conocido como en su tiempo lo
fueron Chucho el Roto y Robin Hood,
uno mexicano y el otro de la Inglaterra medieval.
3.
El jinete de la
Divina Providencia narra la muerte a traición del campesino Malverde, cuyo
cuerpo permanecerá insepulto por órdenes del gobernador de ese entonces –siglo
XIX. Aquí caben las afinidades dramáticas entre la tragedia de Sófocles, Antígona, cuyo hermano Polínices
quedará a merced de las aves de rapiña y demás animales carroñeros por órdenes
del rey Creonte; la heroína se las ingenia para rendirle honores al hermano
insepulto, hasta que es sorprendida y denunciada:
“vimos a esta doncella
que gemía agudamente como el ave condolida que ve, vacío de sus crías, el nido
en que yacían, vacío. Así, ella, al ver el cadáver desvalido, se estaba
gimiendo y llorando y maldecía a los autores de aquello. Veloz en las manos
lleva árido polvo y de un aguamanil de bronce bien forjado de arriba a abajo
triple libación vierte, corona para el muerto.” (1)
Ya muerto el “bandido” Jesús Malverde, abandonado su cuerpo
sobre un brazo de mezquite, no falta el campesino anónimo que se acerca a
dejarle una ofrenda antes de disponerse a buscar una res extraviada. Después de
depositada la ofrenda, aparece el animal perdido. Así empieza a esparcirse la
virtud del héroe de Óscar Liera, el que roba a los ricos para ayudar a los
pobres de Sinaloa.
“El gobernador mandó
que lo ataran del brazo del mezquite que cruzaba el camino, que lo acostaran
sobre él y que lo amarraran y decretó pena de muerte al que lo quisiera
enterrar. Y allí estuvo el cadáver pudriéndose sobre el brazo del mezquite y
cayéndose a pedazos.” (2)
4.
Pero no todo fue miel sobre hojuelas. Durante las funciones
sucesivas que se dieron en el teatro universitario, empezaron las hostilidades,
que Óscar Liera denunció puntualmente en la prensa nacional: apagones antes y
durante la representación. Hostilidades desatadas por parte del gobernador
Antonio Toledo Corro y parte de su gabinete (y familia). El jinete fue invitado al Festival Internacional Cervantino de
Guanajuato e hizo temporada en el foro Sor Juana Inés de la Cruz (UNAM).
5.
Por su parte Víctor
Hugo Rascón Banda escribió cuento,
novela y varias piezas dramáticas que le valieron reconocimiento internacional.
El baile de los montañeses se
desarrolla en un pueblo perdido en la sierra de Chihuahua, lugar que vive entre
dos amenazas latentes: el Ejército y el narcotráfico. Para desarrollar su
parábola, el autor se vale de personajes-tipo: el idiota del pueblo, el
cacique, el sacerdote, la pareja de enamorados, el guerrillero, etcétera. Para
la ambientación, Rascón propone que en vez de polkas, corridos y redovas, se
empleé música latinoamericana para darle un “toque” centro y sudamericano en
caso de que lo amerite la producción; esto es, Víctor Hugo aborda una situación
común a varios países del Cono Sur como son el flagelo del narco y la opresión
de la bota militar. (3)
Entre su producción dramatúrgica, destacaron Las armas blancas (1982), trilogía que
se escenificó en los sótanos del teatro de Arquitectura (UNAM) bajo la atinada
dirección de Julio Castillo, quien concibió el espacio como una bodega de forraje
en donde eran arrojados los cuerpos inertes de los protagonistas sacrificados.
El espectador ocupaba gradas de madera, en calidad de mirón (voyeur) de una
serie de sucesos mórbidos y clandestinos –un sótano apenas iluminado con luz
artificial-, como quien presencia hechos de sangre extraídos de un diario de
nota roja. Desazón (2003) se integró por tres monólogos: una
menonita, una tarahumara y una campesina de la sierra de Chihuahua quienes
cuentan su drama de mujeres subordinadas al poder masculino.
Entre los recuerdos que guardo de VHRB sobresale su intenciòn de escribir el drama Alucinada, acerca de Teresa Urrea (a) La santa de Cabora, pieza que nunca supe si la terminò o si se quedò a medio camino entre la planeaciòn y su desarrollo y conclusiòn.
Entre los recuerdos que guardo de VHRB sobresale su intenciòn de escribir el drama Alucinada, acerca de Teresa Urrea (a) La santa de Cabora, pieza que nunca supe si la terminò o si se quedò a medio camino entre la planeaciòn y su desarrollo y conclusiòn.
Rascón Banda y yo nos conocimos en el taller de composición
dramática que se impartía en casa del dramaturgo Hugo Argüelles, a donde
asistían Sabina Berman, Leonor Azcárate, Tomás Urtusástegui y Jesús González
Dávila, entre otros. En ese entonces, en un breve perímetro de la colonia
Hipódromo-Condesa, vivíamos Gabriel Careaga (sociólogo), Blanca Peña, Julio
Castillo (gentes de teatro), Vera Larrosa (actriz), Guadalupe Pereyra
(periodista), Rogelio Luévano (director y actor) y otros animales de teatro,
letras, televisión, radio, prensa, etcétera. Más tarde, los sismos de 1985
fracturaron vidas y barrios.
MUXES’
6.
El poeta zapoteco Elvis Guerra* (1993) nació en Juchitán de
Zaragoza y como muchos autores en lenguas originarias escribe en su idioma
nativo y él mismo los traduce al español –igual proceder de escritura tiene el
catalán Joan Margarit-, aunque a veces se expresa directamente en español.
Elvis pertenece a una camada de autores que han irrumpido en la escena
literaria de un tiempo a esta parte. Poetas tan diversos como diversas son las
lenguas que han sobrevivido a más de cinco siglos de Conquista y destrucción de
formas de vida, usos y costumbres; a quinientos años de despojos y
avasallamientos. “La poesía
escrita en lenguas indígenas tiene como punto fundacional la oralidad. Lo que
los abuelos han relatado a sus hijos, a sus nietos,” me escribe la
investigadora universitaria Susana Bautista Cruz. Una oralidad mágica que nos despertó, nos sembró, nos inoculó el universo
de la imaginación una noche sentados en torno a una fogata, una vela, un
quinqué.
“Mi madre murió la
semana pasada: Me dediqué a limpiar la casa,/ sacudí su ausencia en la puerta principal,/
bajé su fotografía de la pared/y le puse flores de mayo./Bañé al perro,/entré a
su cuarto y por primera vez/la cama no tenía la forma de su cuerpo. Mi madre murió la semana pasada,/y no sé
si llorar por ella/o por el gato que no ha parado de llorar/de tanto buscarla.”
(fragmento)
Verso desnudo y directo como la oralidad surgida de la voz
de los ancestros, con pocos adornos, con pocos adjetivos; directos como golpe
al hígado; voz debida al canto coloquial de las aves, al aleteo del colibrí
ante la flor abierta que ofrece su néctar.
7.
Hace un año el poeta chiapaneco Manuel Bolom Pale (1979),
antes de un recital, narraba cómo cientos de familias se vieron desplazadas
ante la erupción del volcán El Chichonal, la emergencia los obligó a abandonar
sus tierras y ganado y a cargar únicamente con lo indispensable para salvar sus
vidas. Pasada la emergencia, regresaron .
Pero se encontraron con la mala nueva de que el propio gobierno había
hecho negocio con sus propiedades. Este es un ejemplo de las injusticias que
cargan en la memoria, en los hombros: el
despojo sistemático. A donde se dirija la mirada se hallarán miles de ejemplos;
y la poesía de las minorías étnicas es testimonio de ello. El propio Elvis
Guerra en Oaxaca da asesoría jurídica –tiene estudios de Derecho- a presos
monolingües que no tienen un defensor de oficio que les asesore.
Mientras que en
Colotlán, Jalisco, sólo hay “dos
voluntarios que auxilian en la traducción. Uno es estudiante de Derecho y el
otro de Antropología”. (4) En Villa Guerrero, por su parte, brindan asesorìa los huicholes a sus etnias Arturo Gonzàlez Chico en materia de agronegocios, Juan de la Cruz Chico abogado y Olegario de la Cruz Chico enfermero.
8.
“Qué papel juega un defensor de los indígenas presos y
monolingües.
“El sistema de
administración de justicia es un gran entramado donde el defensor de oficio
debe ser un abogado preferentemente hablante de la lengua del indiciado, de no
ser así, por lo menos debe saber que están el Instituto Nacional de Lenguas
Indígenas (INALI), que puede facilitar intérpretes y traductores en diferentes
lenguas indígenas”, narra la estudiosa de la literatura indígena Susana
Bautista Cruz, universitaria.
“Al niño que fui:
Nací con un nombre de
cinco letras, y por cada letra, tuve un amante.
Nací de un padre que odiaba muxes.
Nací de una madre que nunca conoció el miedo.
Nací de una abuela y sus múltiples hombres.
Nací pidiendo que no me maten.
Nací oliendo a guie' xhuuba',
porque los muxes nacen oliendo a una flor.”
Nací de un padre que odiaba muxes.
Nací de una madre que nunca conoció el miedo.
Nací de una abuela y sus múltiples hombres.
Nací pidiendo que no me maten.
Nací oliendo a guie' xhuuba',
porque los muxes nacen oliendo a una flor.”
Por qué hablar de muxes, por qué describir sus
costumbres, su cultura.
“Los muxes como una construcción social al interior de la
comunidad binnizá o zapoteca tienen una peculiar manera de habitar sus cuerpos,
de vivir lúdicamente el rol femenino y el deseo carnal. Y también está la
aceptación y/o el rechazo en su comunidad. Es uno de los fenómenos
socioculturales más interesantes de la visibilización del deseo masculino por
otros hombres y el travestismo festivo de la construcción corporal. Pero
también, ser el hijo menor que se hará responsable de la casa de sus padres y sus
cuidados,” sintetiza S.B.C.
Por supuesto, las mujeres poetas no se quedan atrás, dice la
universitaria:
“Las jóvenes mujeres
indígenas del sureste mexicano, han levantado la voz para denunciar las
injusticias hacia sus comunidades, a través de sus poemas y también están
resignificando los roles tradicionales de las mujeres al interior de sus
comunidades como Ruperta Bautista, Angelina Súyul y Juana Karen Peñate. Y unas
más hablan acerca del cuerpo como Mikeas Sánchez o Enriqueta Lunez. En todo
ello, la lengua es un acto de resistencia frente la hegemonía del español.”
Bibliografía
1 cfr. Versión electrónica
en el blog Ciudad Seva
2 cfr.el espacio www.dramavirtual.com
3 V.H. Rascón Banda,
El baile de los montañeses, obra teatral en un acto, UAEM-Toluca, México,
1982, col. La abeja en la colmena, no.9
4. cfr. E-review “Connectas, plataforma periodística para
las Américas”, Priscila Hernández, “Indígenas ante la justicia mexicana: sin
intérpretes, sin defensa”, sin fecha de publicación
5. Entrevista concedida de manera privada.
6. ibid.
* Elvis Guerra es autor del poemario Declaración de ausencia, editorial Pinos
Alados, Mexicali, BC, 2018.
Los fragmentos de poemas citados son inéditos.
Dogville, abril 2019
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