Uriel Martínez (1950 )
Jim
Se ha hecho tarde mientras jim
morrison vuelve, piano moroso
de teclas blancas sobre negras;
pero el sol naranja no se va, permanece.
Ha oscurecido sin darnos cuenta,
no sé si el aire nocturno sopla
sobre campos secos siniestrados;
no sé si eso hace naranja el resplandor.
Sea como sea morrison extiende
sus dedos suaves, blancos,
gordos y señala un punto en mi
plexo solar, algo latente.
Me miro el sueter que me abraza
de noche y debajo no hay nada,
acaso latidos débiles, morosos
mientras el mezcal hace su efecto.
En mí no priva el paso de sirenas
de patrullas, ni las llantas y el caucho
de bomberos que llevan agua a la fuente
del fuego, al cerillo arrojado con intención.
Cierro la noche con pasador porque el humo
asciende lento, suave, oscuro en su origen,
como nuestras vidas, nuestra suerte.
[Inédito]
Se ha hecho tarde mientras jim
morrison vuelve, piano moroso
de teclas blancas sobre negras;
pero el sol naranja no se va, permanece.
Ha oscurecido sin darnos cuenta,
no sé si el aire nocturno sopla
sobre campos secos siniestrados;
no sé si eso hace naranja el resplandor.
Sea como sea morrison extiende
sus dedos suaves, blancos,
gordos y señala un punto en mi
plexo solar, algo latente.
Me miro el sueter que me abraza
de noche y debajo no hay nada,
acaso latidos débiles, morosos
mientras el mezcal hace su efecto.
En mí no priva el paso de sirenas
de patrullas, ni las llantas y el caucho
de bomberos que llevan agua a la fuente
del fuego, al cerillo arrojado con intención.
Cierro la noche con pasador porque el humo
asciende lento, suave, oscuro en su origen,
como nuestras vidas, nuestra suerte.
[Inédito]
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