Uriel Martínez (1950 )
Séptimo día
Hoy es domingo; y los domingos
ni Jesús crucificado hace milagros,
ni vuela la mosca, ni el viento
azota las sábanas.
Hoy es domingo; el séptimo día
la gente despierta tarde,
con el sol alto y los poros
cubiertos de nieve.
Los domingos no se manifiestan
milagros, pues todos están de asueto,
incluso los ladrones, los amantes
furtivos y los animales ponzoñosos.
El gato, el teléfono, las plantas medicinales,
los papeles abandonados en las calles,
las nubes, los mesías y los iluminados
permanecen mudos.
Pareciera que todos esperan un suceso
pero nadie abre el periódico
ni enciende la radio, ni
nadie empuja la puerta.
Sólo el veneno permanece al acecho
en su cáliz perfecto, el revólver
espera la voluntad de abrir
el milagro repentino, inesperado.
(revista "tema y variaciones de literatura", no. 22, coordinado por severino salazar muro, uam-azcapotzalco, méxico, df, mmiii)
Hoy es domingo; y los domingos
ni Jesús crucificado hace milagros,
ni vuela la mosca, ni el viento
azota las sábanas.
Hoy es domingo; el séptimo día
la gente despierta tarde,
con el sol alto y los poros
cubiertos de nieve.
Los domingos no se manifiestan
milagros, pues todos están de asueto,
incluso los ladrones, los amantes
furtivos y los animales ponzoñosos.
El gato, el teléfono, las plantas medicinales,
los papeles abandonados en las calles,
las nubes, los mesías y los iluminados
permanecen mudos.
Pareciera que todos esperan un suceso
pero nadie abre el periódico
ni enciende la radio, ni
nadie empuja la puerta.
Sólo el veneno permanece al acecho
en su cáliz perfecto, el revólver
espera la voluntad de abrir
el milagro repentino, inesperado.
(revista "tema y variaciones de literatura", no. 22, coordinado por severino salazar muro, uam-azcapotzalco, méxico, df, mmiii)
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