Donna Masini (1954 )
Despacio
Una vez vi a una serpiente comerse un conejo.
Cuarto grado, el reptilario del zoológico
el conejo duro, el hocico primero, arena pegada a su pelaje,
la cabeza apretada en las anchas
mandíbulas de la serpiente, la serpiente
tragándola por su larga garganta.
Toda garganta esa serpiente – no podía decir
dónde terminaba la garganta, dónde empezaba
el cuerpo. Recuerdo el recinto
de vidrio, cómo esa serpiente
se tomó su tiempo (todas las chicas se quejaban, gritaban
¿pero no estaban asombradas, fascinadas,
diciendo que no podíamos mirar pero mirábamos, no estábamos
atrapadas por eso, no estábamos
imaginando – qué estábamos imaginando?)
La Srta. Peterson nos apuró a que avancen, chicas,
pero no nos podíamos mover. Era como si
un helecho se desplegara, la mano
del minutero se moviera por el reloj. No entendía por qué
la serpiente no se ahogaba, el conejo nunca
se movía, cómo las mandíbulas seguían abriéndose
más y más, llevándoselo adentro, tal y como
yo estoy tomando esto, despacio,
haciéndolo mío en mi cuerpo:
este dolor. Cuánto tarda
el cuerpo en darse cuenta.
Nunca vas a volver.
("emma gunst", traducción tom maver)
Una vez vi a una serpiente comerse un conejo.
Cuarto grado, el reptilario del zoológico
el conejo duro, el hocico primero, arena pegada a su pelaje,
la cabeza apretada en las anchas
mandíbulas de la serpiente, la serpiente
tragándola por su larga garganta.
Toda garganta esa serpiente – no podía decir
dónde terminaba la garganta, dónde empezaba
el cuerpo. Recuerdo el recinto
de vidrio, cómo esa serpiente
se tomó su tiempo (todas las chicas se quejaban, gritaban
¿pero no estaban asombradas, fascinadas,
diciendo que no podíamos mirar pero mirábamos, no estábamos
atrapadas por eso, no estábamos
imaginando – qué estábamos imaginando?)
La Srta. Peterson nos apuró a que avancen, chicas,
pero no nos podíamos mover. Era como si
un helecho se desplegara, la mano
del minutero se moviera por el reloj. No entendía por qué
la serpiente no se ahogaba, el conejo nunca
se movía, cómo las mandíbulas seguían abriéndose
más y más, llevándoselo adentro, tal y como
yo estoy tomando esto, despacio,
haciéndolo mío en mi cuerpo:
este dolor. Cuánto tarda
el cuerpo en darse cuenta.
Nunca vas a volver.
("emma gunst", traducción tom maver)
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