Dos sicarios Dos

“El festejo del sicario”, llamó la prensa internacional al que se organizó Marco Fabián, de Chivas, tras marcar uno de los tres goles que le propinó a Estudiantes el fin de semana. El mediocampista escenificó un disparo de bala con la mano en forma de arma colocada en la sien del Venado Medina, quien a su vez se desplomó en la cancha, siguiéndo el juego.

Pero con el telón de fondo de decenas de miles de asesinados en cinco años en el país, fue un festejo fallido aquel del Estadio Jalisco, porque el video con la representación de Fabián y de Medina sólo cosechó condenas en su vuelta al mundo a través de medios y redes sociales, lo que provocó también una sanción de la directiva del Guadalajara. Y el hecho encabezó la excelente galería de los festejos más polémicos del futbol incluida en el sitio electrónico de  El Universal.
También fue fallido el festejo que se organizó el político Felipe Calderón, el mismo fin de semana, sólo que en el New York Times, una de las muy pocas canchas periodísticas con peso global. Y ese alcance tuvo la malograda escenificación del enésimo script en el que Calderón insistió en presentar al PRI, no como lo que es: amenaza electoral para la permanencia del PAN en Los Pinos, sino como la amenaza para México y Estados Unidos que supuestamente significaría el regreso a la Presidencia del antiguo partido dominante, por la también supuesta proclividad de sus exponentes a entenderse con los cárteles de las drogas.

El sicario y el político

E igual: con el telón de fondo de una tendencia electoral que no repunta con nada a favor de su partido, la celebrada Operación New York Times del Presidente también resultó fallida, porque se revirtieron sus efectos. Y allí están los enredos en que metió a su vocera y a su secretario de Gobernación, al presidente de su partido y a sus aspirantes presidenciales, así como al propio Times, que —algo insólito— tuvo que subir a su sitio electrónico la transcripción íntegra en español de la entrevista, en respuesta a las interpretaciones que quisieron darle en el gobierno mexicano para responsabilizar al diario de los giros antipriístas del Presidente.
Y, como es costumbre, el más transparente en sus conclusiones fue el siempre coloquial presidente panista Gustavo Madero, quien asumió sin más el paso en falso presidencial, al acusar al PRI de querer “sacar raja” del resbalón.
Tanto el llamado “festejo del sicario” como el festejo del político tuvieron un rechazo abrumador en los medios mexicanos. Y también tuvieron sus defensores, aunque pocos. Entre ellos, El Rudo Rivera (no es broma) en Matutino Express, en el caso de Fabián, y el civilizado Ulises Beltrán (tampoco es broma) en Agenda Pública, en el caso de Calderón, ambos en Foro TV.

Efectos comunicativos

Y sin duda pueden tener argumentos en su favor. El Rudo sostiene que no es para tanto la crítica a Fabián por actuar una escena de sicariato, ante los horrores cotidianos que escenifican en los medios los sicarios reales. Y Ulises arguye que los presidentes actuales deben tener la libertad de actuar por la causa de sus partidos.
Pero el problema no es de esas (sostenibles) convicciones ni de esas (defendibles) libertades. Tampoco es un problema de roles sociales: el político encumbrado y el futbolista estelar. Ni de edades. Se trata de responder por los efectos de comunicación de las personas públicas.
Por eso despertó preocupación mundial la manera de frivolizar la expansión de la cultura de la violencia en la vida cotidiana, ilustrada en el festejo el goleador Fabián, así se trate de un veinteañero. Y por eso preocupan los festejos del casi cincuentón Presidente cuando en su guerra contra el PRI termina por reducir la relación del narco y la política a un tema de propaganda electoral, con altos costos, tanto para la legitimidad de la irrenunciable lucha contra el crimen organizado, como para la integridad del proceso electoral.


(nota de José Carreño Carlón tomada de la revista on line Etcetera.)

Comentarios