JORGE CANTÚ DE LA GARZA (1937- 1998)
Dos poemas
Identidad
Ese espejo no sólo es un espejo:
Es un vidrio y mi cara y el azogue
Y es un péndulo, un hueco en la pared
Y un fantasma que acecha en la penumbra.
El que crees que eres, eres tú.
El que yo creo que eres, eres,
Y eres también el que sin duda eres.
Eres un ser distinto en cada amigo
Y un huésped cada cuarto tuyo tiene.
El día que tú naces muchos nacen
Y una multitud muere cuando mueres.
Eres Uno, y muchedumbre es Uno.
Prevenido
Al cumplir cuarenta y cinco
saludaré a la oscura tortuga
que entrará por mi ventana
como saludé al baboso caracol
de mis veinte años.
Al cumplir cuarenta y cinco
abriré mis manos para ver
cuánto ha crecido la moneda
que sólo yo he de gastar.
Cuando llegue el día, el día,
sabré reconocerlo.
Aunque no haya nadie alrededor,
no volveré el rostro.
No caeré
en esa vergonzosa tentación.
(textos tomados de Celebraciones y epitafios,
ed. Oasis, col. Los libros del fakir, no.67, México,
1984)
Identidad
Ese espejo no sólo es un espejo:
Es un vidrio y mi cara y el azogue
Y es un péndulo, un hueco en la pared
Y un fantasma que acecha en la penumbra.
El que crees que eres, eres tú.
El que yo creo que eres, eres,
Y eres también el que sin duda eres.
Eres un ser distinto en cada amigo
Y un huésped cada cuarto tuyo tiene.
El día que tú naces muchos nacen
Y una multitud muere cuando mueres.
Eres Uno, y muchedumbre es Uno.
Prevenido
Al cumplir cuarenta y cinco
saludaré a la oscura tortuga
que entrará por mi ventana
como saludé al baboso caracol
de mis veinte años.
Al cumplir cuarenta y cinco
abriré mis manos para ver
cuánto ha crecido la moneda
que sólo yo he de gastar.
Cuando llegue el día, el día,
sabré reconocerlo.
Aunque no haya nadie alrededor,
no volveré el rostro.
No caeré
en esa vergonzosa tentación.
(textos tomados de Celebraciones y epitafios,
ed. Oasis, col. Los libros del fakir, no.67, México,
1984)
(Qué manera tiene Jorge Cantú de la Garza de trabajar la identidad. Su verso final en donde equipara al Uno con una muchedumbre es contundente: la paradoja no puede ser expresada en términos más polarizados. Para empezar, la identidad es contraria a la lógica. ciega ante las respuestas que exige el entorno al sujeto. Para terminar la identidad funciona a la manera de una máquina achatadora de la riqueza subjetiva.
Uno es muchedumbre es un principio que desconoce el discurso identitario: tres palabras permiten observar qué extraviado estaba el discurso identitario desde Octavio Paz hasta (Samuel) Ramos. La identidad es lo más superficial del sujeto, la pura apariencia.
qué haré yo que cumplo 55 y veo como menguan mis fuerzas en todos los terrenos, intelectual, sexual y físico, sin que desaparezcan los deseos, la memoria corporal que planea mil saraos y festines y exige manjares que ya no digiere.
Una oquedad que sigue deseando con el mismo apremio sin tener conciencia de su nueva condición, sin dar oído a la herrumbre que corroe todo el andamiaje. Entre más ruido hace el barco, está más vacío, he oído en varias ocasiones. Soy una caja desvencijada de resonancias ya sin fuerza para procurarse lo que desea.
Pero ¿acaso alguna vez he tenido los medios, el capital para procurármelo? ¿alguien los ha tenido? y si los tiene es seguro que son los medios los que atraen, los que funcionan como anzuelo y no el supuesto dueño de esos medios...
Uno es muchedumbre es un principio que desconoce el discurso identitario: tres palabras permiten observar qué extraviado estaba el discurso identitario desde Octavio Paz hasta (Samuel) Ramos. La identidad es lo más superficial del sujeto, la pura apariencia.
qué haré yo que cumplo 55 y veo como menguan mis fuerzas en todos los terrenos, intelectual, sexual y físico, sin que desaparezcan los deseos, la memoria corporal que planea mil saraos y festines y exige manjares que ya no digiere.
Una oquedad que sigue deseando con el mismo apremio sin tener conciencia de su nueva condición, sin dar oído a la herrumbre que corroe todo el andamiaje. Entre más ruido hace el barco, está más vacío, he oído en varias ocasiones. Soy una caja desvencijada de resonancias ya sin fuerza para procurarse lo que desea.
Pero ¿acaso alguna vez he tenido los medios, el capital para procurármelo? ¿alguien los ha tenido? y si los tiene es seguro que son los medios los que atraen, los que funcionan como anzuelo y no el supuesto dueño de esos medios...
Antonio Marquet)
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