EL OTRO KAVAFIS
uno.
Kavafis pertenecía a la comunidad griega de Alejandría, hoy muy diezmada; de niño pasó algunos años en Inglaterra, pero luego su ciudad natal volvió a absorberlo. Se convirtió en funcionario de no sé que oficina de Riego y fue también corredor de bolsa. Fue dos veces a Atenas, la primera en 1901, la segunda en 1932, para ser operado de la garganta; murió en Alejandría al año siguiente. Su gloria ha sido póstuma porque el poeta publicó muy poco en vida: en forma de libro, sólo una plaquette, reeditada después y aumentada; en
forma de hojas volantes, gran parte de sus otras poesías. Estas hojas, de las que he visto algunos ejemplares, no deben hacer pensar en nada popular, como el pescador de Chiaravalle: están cuidadosamente impresas y destinadas sin duda a terminar en manos de los encuadernadores. Los fieles de Kavafis poseen varias colecciones de ellas y hoy existen ediciones normales de sus poesías, mientras crece cada vez más la contribución de la crítica a la comprensión de sus ciento cincuenta composiciones.
dos.
Kavafis tenía una voz muy bonita y presumía de la estirpe fanariota de su madre (Fanar era el barrio de los sabios de Constantinopla). Su madre fue la única mujer que amó; los demás amores del poeta fueron del tipo "estéril y censurado" que él atribuye a muchos de sus personajes.
tres.
La casa del poeta, en la calle Lepsius de Alejandría, estaba decorada con muebles pesados, de madera labrada, tallada y con incrustaciones de nácar: muebles al gusto árabe. Al poeta le agradaba la penumbra y la luz de las velas. Cuando un invitado le resultaba grato encendía velas suplementarias; en caso contrario apagaba las velas una tras otra, y ésta era la señal de la despedida. Lo mismo sucedía con las bebidas; a sus amigos preferidos les ofrecía whisky, a los demás les decía con aire distraído: "Ah, ya, recuerdo que usted no bebe."
cuatro.
A juzgar por las fotografías Kavafis era delgado, usaba gafas, su estatura era tirando a mediana y su porte era elegante. Ni descuidado ni bohemio, debía de rodearse de cierto bric-à-bric, ligado no obstante a recuerdos de familia. Sobre un étagère tenía a la vista las joyas de la familia, anillos, gemelos de diamantes pasados de moda que él llevaba cuando era invitado de la alta sociedad griega de Alejandría. Dicen que se pasó gran parte de su vida interpretando a la perfección "el papel de Kavafis.": la voz, las frases, los gestos, todo era escrupulosamente estudiado y memorizado. Una ejecución impecable.
(texto reproducido de Eugenio Montale, Fuera de casa,
ed. Altaya, Barcelona, 1995, col. Biblioteca de Premios
Nóbel, no.36)
Kavafis pertenecía a la comunidad griega de Alejandría, hoy muy diezmada; de niño pasó algunos años en Inglaterra, pero luego su ciudad natal volvió a absorberlo. Se convirtió en funcionario de no sé que oficina de Riego y fue también corredor de bolsa. Fue dos veces a Atenas, la primera en 1901, la segunda en 1932, para ser operado de la garganta; murió en Alejandría al año siguiente. Su gloria ha sido póstuma porque el poeta publicó muy poco en vida: en forma de libro, sólo una plaquette, reeditada después y aumentada; en
forma de hojas volantes, gran parte de sus otras poesías. Estas hojas, de las que he visto algunos ejemplares, no deben hacer pensar en nada popular, como el pescador de Chiaravalle: están cuidadosamente impresas y destinadas sin duda a terminar en manos de los encuadernadores. Los fieles de Kavafis poseen varias colecciones de ellas y hoy existen ediciones normales de sus poesías, mientras crece cada vez más la contribución de la crítica a la comprensión de sus ciento cincuenta composiciones.
dos.
Kavafis tenía una voz muy bonita y presumía de la estirpe fanariota de su madre (Fanar era el barrio de los sabios de Constantinopla). Su madre fue la única mujer que amó; los demás amores del poeta fueron del tipo "estéril y censurado" que él atribuye a muchos de sus personajes.
tres.
La casa del poeta, en la calle Lepsius de Alejandría, estaba decorada con muebles pesados, de madera labrada, tallada y con incrustaciones de nácar: muebles al gusto árabe. Al poeta le agradaba la penumbra y la luz de las velas. Cuando un invitado le resultaba grato encendía velas suplementarias; en caso contrario apagaba las velas una tras otra, y ésta era la señal de la despedida. Lo mismo sucedía con las bebidas; a sus amigos preferidos les ofrecía whisky, a los demás les decía con aire distraído: "Ah, ya, recuerdo que usted no bebe."
cuatro.
A juzgar por las fotografías Kavafis era delgado, usaba gafas, su estatura era tirando a mediana y su porte era elegante. Ni descuidado ni bohemio, debía de rodearse de cierto bric-à-bric, ligado no obstante a recuerdos de familia. Sobre un étagère tenía a la vista las joyas de la familia, anillos, gemelos de diamantes pasados de moda que él llevaba cuando era invitado de la alta sociedad griega de Alejandría. Dicen que se pasó gran parte de su vida interpretando a la perfección "el papel de Kavafis.": la voz, las frases, los gestos, todo era escrupulosamente estudiado y memorizado. Una ejecución impecable.
(texto reproducido de Eugenio Montale, Fuera de casa,
ed. Altaya, Barcelona, 1995, col. Biblioteca de Premios
Nóbel, no.36)
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