Luis Cernuda (1902/1963 )
Telarañas cuelgan de la razón
Telarañas cuelgan de la razón
En un paisaje de ceniza absorta;
Ha pasado el huracán de amor,
Ya ningún pájaro queda.
Tampoco ninguna hoja;
Todas van lejos, como gotas de agua
De un mar cuando se seca,
Cuando no hay ya lágrimas bastantes,
Porque alguien, cruel como un día de sol en primavera,
Con sólo su presencia ha dividido en dos un cuerpo.
Ahora hace falta recoger los trozos de prudencia,
Aunque siempre nos falte alguno;
Recoger la vida vacía
Y caminar esperando que lentamente se llene,
Si es posible otra vez, como antes,
De sueños desconocidos y deseos invisibles.
Tú nada sabes de ello,
Tú estás allá, cruel como el día;
El día, esa luz que abraza estrechamente un triste muro,
Un muro, ¿no comprendes?
Un muro frente al cual estoy solo.
Linterna roja
Albergue oscuro con mendigos de noche
Abrazando jirones de frío,
Mientras por los grupos inertes, igual que flor de lluvia,
Contemplan cómo pasa una sonrisa.
Poseen estos cuerpos miserables
Formas de ojos sin luz o de arena caída;
Vivir allí, canta una voz, si las manos no fallan,
Es alegre como un amor aprisionado.
Esos mendigos son los reyes sin corona
Que buscaron la dicha más allá de la vida
Que buscaron la flor Jamás abierta
Que buscaron deseos terminados en nubes.
Los cuerpos palidecen como olas,
La luz es un pretexto de la sombra,
La risa va muriendo lentamente,
Y mi vida también se va con ella.
Mas las sombras no son mendigos o coronas,
Son los anos de hastío esta noche con vida;
Y mi vida es ahora un hombre melancólico
Sin saber otra cosa que su llanto.
("trianarts")

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