Nuno Júdice (1949 )
La noche de verano
Una noche antigua de verano en que todas las estrellas
brillaban en su lugar cierto, esa noche de calor oí
las ranas en el agua de los arrozales. Las nubes de mosquitos cubrían
el camino por donde te vi pasar, descalza, corriendo sobre la tierra
hasta el patio de la casa cerrada donde sólo vivían los fantasmas,
esperando que les abrieras la puerta para atravesar el campo
de los ahorcados. Pero tú no los viste, y seguiste
corriendo hasta la estación donde ya ningún tren se detiene,
y fuiste hacia el rincón más oscuro del jardín, quitándote la blusa
para liberar el pecho del calor de la noche y ofrecer
a las estrellas las puntas de los senos.
Sol invernal
Sentado al sol, un día frío de invierno, el hombre
espera a que las nubes lleguen. Con ellas vendrán las noticias
del norte, el sonido de antiguos vapores al entrar
en el muelle, el pregón de quienes venden los primeros
periódicos del día, los gritos de las criadas en el patio
ahuyentando las gallinas y los muchachos que venían
a espiarlas, la voz sofocada de la muchacha en lágrimas
en los escalones del confesionario y las campanas que llamaban
a misa y traían, tras ellas, el ladrido de perros vagabundos
en jaurías por medio de los campos. Pero el sol
que calienta el día de invierno parece alejar las nubes;
los vapores se hundieron en el muelle de una oda
marítima; los periódicos fueron quemados por vagabundos
que necesitaban entrar en calor; las criadas envejecieron
y en sus ojos secos por la edad murió
el deseo de los muchachos; y la muchacha que salió
del confesionario secándose las lágrimas aún
deshila las cuentas de un rosario perdido hace
mucho. Y el hombre sentado al sol
en un día frío de invierno pregunta en qué campo
se perdieron las jaurías de perros vagabundos e intenta
oír, más allá de los edificios de la ciudad, los ladridos
que se confunden con el repique de las campanas
que llena de nubes su espíritu.
("el cultural", traductor martín lópez-vega)
Comentarios