Margaret Randall (1936 )
Sospecha y parábolas vacías
Viajamos a alguna parte
pero no tenemos mapa.
Las líneas de mi palma relucen
como corriente eléctrica
almohadillas de carne
que hablan un idioma desconocido.
Quedamos dos, y después
estoy sola, pero enseguida
hay miles que me acompañan
hasta que cada cual desaparece
detrás de una promesa hecha
antes de que hubiera nacido.
Llevar así el pasado
es un gran lastre,
cargado de sospecha
y parábolas vacías.
Los que no pueden seguir
se queman como estrellas que agonizan.
Todavía podemos ver su luz
pero sabemos
que es el reflejo de algo antiguo
y frío,
precioso en el recuerdo
pero ahora inútil.
Siempre llevé un diario de viaje,
creía que les iba a servir a
los que quedaran después de haberme ido.
En mis sueños veo disolverse
esas páginas en el fuego
que consume una ciudad entera.
Ya no me puedo agazapar más
detrás del Otro.
La hambruna y el fuego nos barrieron
de ese espejo
donde una vez sentí
la seguridad hipócrita de la excepción.
Viajamos a alguna parte
pero no tenemos mapa.
Las líneas de mi palma relucen
como corriente eléctrica
almohadillas de carne
que hablan un idioma desconocido.
Quedamos dos, y después
estoy sola, pero enseguida
hay miles que me acompañan
hasta que cada cual desaparece
detrás de una promesa hecha
antes de que hubiera nacido.
Llevar así el pasado
es un gran lastre,
cargado de sospecha
y parábolas vacías.
Los que no pueden seguir
se queman como estrellas que agonizan.
Todavía podemos ver su luz
pero sabemos
que es el reflejo de algo antiguo
y frío,
precioso en el recuerdo
pero ahora inútil.
Siempre llevé un diario de viaje,
creía que les iba a servir a
los que quedaran después de haberme ido.
En mis sueños veo disolverse
esas páginas en el fuego
que consume una ciudad entera.
Ya no me puedo agazapar más
detrás del Otro.
La hambruna y el fuego nos barrieron
de ese espejo
donde una vez sentí
la seguridad hipócrita de la excepción.
("el placard", versión sandra toro)
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