Ocean Vuong (1988 )
Algún día amaré a Ocean Vuong
Ocean, no temas.
El fin del camino es tan lejano
que ya está detrás nuestro.
No te preocupes. Tu padre sólo es tu padre
hasta que algo de ti lo olvide. Así como la espalda
olvida que alguna vez tuvo alas
sin importar cuantas veces nuestras rodillas
besaron el pavimento. ¿Estás
escuchando, Ocean? La parte más hermosa
de tu cuerpo es donde sea
que la sombra de tu madre caiga.
Aquí está el hogar de la infancia,
cercenada hasta ser un simple alambre rojo.
No te preocupes. Sólo llama al horizonte
y nunca lo alcanzarás.
Aquí está el presente. Salta. Te juro
que no es un bote salvavidas. Aquí está el hombre
cuyos brazos son lo suficientemente grandes
como para detener tu partida. Y he aquí el momento,
justo después de que las luces se apaguen, cuando aún puedes ver
la débil antorcha que yace en su entrepierna.
La forma en que la usas una y otra vez
para encontrar tus propias manos.
Pediste una segunda oportunidad
y se te dio una boca para ser vaciada.
No tengas miedo, el tiroteo
no es otra cosa que el sonido de la gente
intentando vivir un poquito más. Ocean. Ocean,
levántate. La parte más hermosa de tu cuerpo
es aquella a donde se dirige. Y recuerda,
la soledad sigue siendo un rato que vives
con el mundo. Aquí está
la habitación que todos habitan.
Tus amigos muertos te
atraviesan como cuando el viento
hace sonar a las campanas. Aquí está la mesa
con la pata floja y un ladrillo
para enderezarla. Sí, aquí está una habitación
tan cálida y tan pequeña,
y te juro, despertarás:
creerás que estas paredes
son piel.
Ocean, no temas.
El fin del camino es tan lejano
que ya está detrás nuestro.
No te preocupes. Tu padre sólo es tu padre
hasta que algo de ti lo olvide. Así como la espalda
olvida que alguna vez tuvo alas
sin importar cuantas veces nuestras rodillas
besaron el pavimento. ¿Estás
escuchando, Ocean? La parte más hermosa
de tu cuerpo es donde sea
que la sombra de tu madre caiga.
Aquí está el hogar de la infancia,
cercenada hasta ser un simple alambre rojo.
No te preocupes. Sólo llama al horizonte
y nunca lo alcanzarás.
Aquí está el presente. Salta. Te juro
que no es un bote salvavidas. Aquí está el hombre
cuyos brazos son lo suficientemente grandes
como para detener tu partida. Y he aquí el momento,
justo después de que las luces se apaguen, cuando aún puedes ver
la débil antorcha que yace en su entrepierna.
La forma en que la usas una y otra vez
para encontrar tus propias manos.
Pediste una segunda oportunidad
y se te dio una boca para ser vaciada.
No tengas miedo, el tiroteo
no es otra cosa que el sonido de la gente
intentando vivir un poquito más. Ocean. Ocean,
levántate. La parte más hermosa de tu cuerpo
es aquella a donde se dirige. Y recuerda,
la soledad sigue siendo un rato que vives
con el mundo. Aquí está
la habitación que todos habitan.
Tus amigos muertos te
atraviesan como cuando el viento
hace sonar a las campanas. Aquí está la mesa
con la pata floja y un ladrillo
para enderezarla. Sí, aquí está una habitación
tan cálida y tan pequeña,
y te juro, despertarás:
creerás que estas paredes
son piel.
("leche de bruja", trad. jesús carmona-robles)
Comentarios