Edgar Lee Masters, poeta

Harold Arnett

Me apoyé contra la repisa de la chimenea, enfermo, enfermo,
pensando en mi fracaso, mirando el abismo,
debilitado por el calor del mediodía.
Una campana de iglesia repicaba a lo lejos, como un lamento,
oí el llanto de un bebé
y la tos de John Yarnell,
en cama, afiebrado, afiebrado, muriéndose,
y luego la voz violenta de mi esposa:
“¡Cuidado, las papas se están quemando!”
Las olí… y tuve una irresistible repugnancia,
apreté el gatillo… oscuridad… luz…
un indescriptible arrepentimiento… quise recuperar a tientas el mundo.
¡Demasiado tarde! Así fue cómo vine hasta acá
con pulmones para respirar… acá uno no puede respirar con pulmones,
pero uno debe respirar… ¿De qué le sirve a uno
librarse del mundo, cuando ningún alma
puede alguna vez escapar del eterno destino de la vida?


(fuente: "hasta donde llega la voz", versión de Tom Maver)

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