Abilio Estévez (1954 )
22
En una pequeña plaza veo a un niño con las manos atadas, está sobre un entarimado, le han tapado los ojos, a su alrededor, cientos de hombres y mujeres ríen, lo señalan y ríen, vociferan y ríen, una anciana sube donde el niño y lo viste de mujer, la multitud grita, aplaude enardecida, el niño es hermoso y como está triste es más hermoso, no maldice, es un niño sereno y resignado, se le acerca un hombre, dice ser su padre, lo alza en brazos, lo lanza a la multitud, el niño desaparece entre gritos y blasfemias, ya no distingo a nadie, sino una masa oscura que se mueve y brama, y luego parece que llegara el silencio y la plaza quedara vacía, tengo la impresión de que estoy solo, creo ver el traje de mujer, me acerco, no, no es ningún traje, es un poco de ceniza que el viento dispersa.
(fuente: Manual de tentaciones, Tusquets editores, col. Marginales, 179, Barcelona, 1999.)
En una pequeña plaza veo a un niño con las manos atadas, está sobre un entarimado, le han tapado los ojos, a su alrededor, cientos de hombres y mujeres ríen, lo señalan y ríen, vociferan y ríen, una anciana sube donde el niño y lo viste de mujer, la multitud grita, aplaude enardecida, el niño es hermoso y como está triste es más hermoso, no maldice, es un niño sereno y resignado, se le acerca un hombre, dice ser su padre, lo alza en brazos, lo lanza a la multitud, el niño desaparece entre gritos y blasfemias, ya no distingo a nadie, sino una masa oscura que se mueve y brama, y luego parece que llegara el silencio y la plaza quedara vacía, tengo la impresión de que estoy solo, creo ver el traje de mujer, me acerco, no, no es ningún traje, es un poco de ceniza que el viento dispersa.
(fuente: Manual de tentaciones, Tusquets editores, col. Marginales, 179, Barcelona, 1999.)
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