SABATO: DESPUÉS DEL FIN
Hay una palabra que Ernesto Sábato utiliza a menudo para indicar el sentido de vivir y quizás cualquier cosa que se parezca a la felicidad; un adjetivo: compartido, silencio compartido con un ser querido, un momento compartido con un amigo, con la persona amada, una existencia compartida. Es una palabra que también yo amo mucho, porque creo, como escribe Sábato en El escritor y sus fantasmas, que vivir es convivir, y para mí es realmente una verdadera gracia poder compartir estas líneas con Sábato y con ustedes. No porque yo sea un especialista; yo he leído mucho de Sábato, mucho en italiano, un poco en español, he leído las novelas y los ensayos. Otros sabrán hablar de él mucho mejor que yo; sólo he escrito un artículo sobre Ernesto Sábato. Pero el escritor que amamos no es aquél sobre quien escribimos. Yo no he escrito sobre Homero, o sobre Tolstoi, pero Homero o Tolstoi para mí no son objetos de interpretaciones sino maestros y compañeros de vida. Así Sábato. Hace muchos años, hace ya treinta y cuatro o treinta y cinco años, la compañera de mi existencia compartida, Marisa, mi Matilde, me hizo leer Sobre héroes y tumbas. Desde ese momento Sábato ha entrado en mi vida, y sus libros han entrado en mi vida con violencia, con ternura, como un hacha, como decía Kafka, pero también como una ola, como un mar. [...]
Sábato es un universo, un laberinto, yo no puedo ciertamente dar brevemente un cuadro completo. Me detendré sólo en lo fundamental: para empezar es un gran escritor que en una larga vida ha escrito tres novelas, por eso ha estado siempre libre de la ansiedad de publicar; un hombre que ha demostrado también esta libertad del deber de estar siempre presente, del deber de ser siempre un artista; es esto lo que permite a la escritura ser grande.
Sábato une dos verdades. Dos verdades necesarias que expresa el escritor, que se mezclan, nutriéndose una de la otra, haciendo de una la coartada de la otra. Son la verdad diurna y la nocturna. El lado diurno, y el monstruoso mundo de sus tinieblas, como dice en sus páginas.
En el gran libro Antes del fin, Sábato dice al principio que en él no se encontrarán sus verdades más atroces, que las verdades más atroces se encuentran en sus ficciones, enmascaradas, porque de lo contrario no podría confesarlo a cara descubierta. Es un problema, creo, fundamental; no hay un escritor en el mundo que haya sabido expresar con tanta fuerza, y con tanta lucidez y honestidad, esta verdad.
Antes del fin habla de una verdad esencial, la fraternidad con todos los débiles, la lucha contra la tiranía; sabemos lo que ha hecho Ernesto Sábato en defensa concreta de la libertad de las personas. Es un gran libro de amor, de amistad, de afectos familiares, un libro del amor paterno; el libro de un hombre que de forma extraordinaria confiesa haber tenido alguna vez la tentación del suicidio, pero no haberlo hecho porque sabe que no se puede causar dolor a nadie. [...]
Sábato es también un extraordinario ensayista. Pienso en sus ensayos, que son de los más claros, de los más lúcidos. Es un escritor que, cuando se ocupa del lado diurno, lo hace como un credo; yo no conozco otro escritor que haya sabido hacerlo con tanta responsabilidad. ésta es una virtud de la que muchos escritores, también grandes, a menudo carecen casi por completo. Luego hay también las otras verdades. Son las verdades que vienen de la escritura nocturna. Es grandioso que un hombre sepa ser grande en las dos dimensiones. Normalmente tenemos a escritores que son grandes en una, o en la otra. Pero cuando Sábato habla con su escritura nocturna, sus visiones nos hablan de excesos, hablan de cosas indignas, que van más allá de aquello que la conciencia puede consentir. [...]
En esta obra nocturna Sábato escucha y hace hablar a otra voz. Una voz que es suya pero que en buena parte desconoce, y que va más allá de aquello de lo que es consciente. Él mismo ha escrito una vez que no sabría explicar qué ha querido decir en sus novelas. Sobre héroes y tumbas, este subsuelo de tiniebla, esta historia terrible; su libro más grande me acompaña en la vida. También El túnel, también Abaddón el exterminador; pero sobre todo éste, que yo creo el libro por el que Sábato estará para siempre en la historia.
Tolstoi dijo una vez: “he perdido el control sobre Ana Karenina; hace aquello que ella quiere”. El escritor que hace hablar de esto otro es un escritor cuya creatividad extrañante se encuentra con su doble. El escritor que oye esta voz alguna vez preferiría decir otra cosa, pero si es un gran escritor la deja hablar.
Esto hace grande a Ernesto Sábato, deja hablar a ese otro escritor, a ese doble, corriendo el mismo riesgo que corre también el escritor, hablando de verdades arrebatadoras. El escritor, en su lado diurno, quiere que el sol no resplandezca igual sobre los justos y sobre los injustos, y la grandeza de Sábato, y no de muchos más, es que él se ha enfrentado con la escritura nocturna, con el escándalo de la vida. él baja a las tinieblas, ve la medusa, ve la cabeza enredada con las serpientes, y la cabeza enredada con las serpientes no se puede embellecer, por lo tanto él no sufre la fascinación del horror. [...] ésta es la grandeza de Sábato, este coraje, esta lucha. Sus obras son luz y tiniebla; todo lo que tiene la vida. Saber unir la aventura de la vida con el juicio, el compromiso, la moral. Para seguir con la buena lucha, como decía San Pablo.
La vida es más de todas formas que cualquier escritura. Y la humildad de Ernesto Sábato, que se convierte en coraje, su pasión, su ironía, lo hacen grande. El gran arte sabe que tiene que servir a la existencia, como decía Esquilo, que hizo que en su tumba se pusiera simplemente que había luchado con valor en Maratón. Frente a un gran escritor, como Ernesto Sábato, hay que decirle simplemente gracias por existir, por ayudarnos a vivir con mayor valor y con humildad. Leer a Sábato, compartir la vida con él, nos ayuda a vivir mejor.
(Leí "Sobre héroes y tumbas" en la edición de Casa de las Américas, de Cuba, es decir, la edición primera. Recientemente lo recordé porque hay un paralelismo, según yo, con el universo de Haruki Murakami, con ese mundo soterrado y oscuro que el lector transita animado por el dolor. Mundo intuído anteriormente en la narrativa de Roberto Arlt y otros argentinos más jóvenes. Se reproduce un texto de Claudio Magris aparecido en la sección Cultural del diario El Mundo, el 9/ sept./2004.)
Sábato es un universo, un laberinto, yo no puedo ciertamente dar brevemente un cuadro completo. Me detendré sólo en lo fundamental: para empezar es un gran escritor que en una larga vida ha escrito tres novelas, por eso ha estado siempre libre de la ansiedad de publicar; un hombre que ha demostrado también esta libertad del deber de estar siempre presente, del deber de ser siempre un artista; es esto lo que permite a la escritura ser grande.
Sábato une dos verdades. Dos verdades necesarias que expresa el escritor, que se mezclan, nutriéndose una de la otra, haciendo de una la coartada de la otra. Son la verdad diurna y la nocturna. El lado diurno, y el monstruoso mundo de sus tinieblas, como dice en sus páginas.
En el gran libro Antes del fin, Sábato dice al principio que en él no se encontrarán sus verdades más atroces, que las verdades más atroces se encuentran en sus ficciones, enmascaradas, porque de lo contrario no podría confesarlo a cara descubierta. Es un problema, creo, fundamental; no hay un escritor en el mundo que haya sabido expresar con tanta fuerza, y con tanta lucidez y honestidad, esta verdad.
Antes del fin habla de una verdad esencial, la fraternidad con todos los débiles, la lucha contra la tiranía; sabemos lo que ha hecho Ernesto Sábato en defensa concreta de la libertad de las personas. Es un gran libro de amor, de amistad, de afectos familiares, un libro del amor paterno; el libro de un hombre que de forma extraordinaria confiesa haber tenido alguna vez la tentación del suicidio, pero no haberlo hecho porque sabe que no se puede causar dolor a nadie. [...]
Sábato es también un extraordinario ensayista. Pienso en sus ensayos, que son de los más claros, de los más lúcidos. Es un escritor que, cuando se ocupa del lado diurno, lo hace como un credo; yo no conozco otro escritor que haya sabido hacerlo con tanta responsabilidad. ésta es una virtud de la que muchos escritores, también grandes, a menudo carecen casi por completo. Luego hay también las otras verdades. Son las verdades que vienen de la escritura nocturna. Es grandioso que un hombre sepa ser grande en las dos dimensiones. Normalmente tenemos a escritores que son grandes en una, o en la otra. Pero cuando Sábato habla con su escritura nocturna, sus visiones nos hablan de excesos, hablan de cosas indignas, que van más allá de aquello que la conciencia puede consentir. [...]
En esta obra nocturna Sábato escucha y hace hablar a otra voz. Una voz que es suya pero que en buena parte desconoce, y que va más allá de aquello de lo que es consciente. Él mismo ha escrito una vez que no sabría explicar qué ha querido decir en sus novelas. Sobre héroes y tumbas, este subsuelo de tiniebla, esta historia terrible; su libro más grande me acompaña en la vida. También El túnel, también Abaddón el exterminador; pero sobre todo éste, que yo creo el libro por el que Sábato estará para siempre en la historia.
Tolstoi dijo una vez: “he perdido el control sobre Ana Karenina; hace aquello que ella quiere”. El escritor que hace hablar de esto otro es un escritor cuya creatividad extrañante se encuentra con su doble. El escritor que oye esta voz alguna vez preferiría decir otra cosa, pero si es un gran escritor la deja hablar.
Esto hace grande a Ernesto Sábato, deja hablar a ese otro escritor, a ese doble, corriendo el mismo riesgo que corre también el escritor, hablando de verdades arrebatadoras. El escritor, en su lado diurno, quiere que el sol no resplandezca igual sobre los justos y sobre los injustos, y la grandeza de Sábato, y no de muchos más, es que él se ha enfrentado con la escritura nocturna, con el escándalo de la vida. él baja a las tinieblas, ve la medusa, ve la cabeza enredada con las serpientes, y la cabeza enredada con las serpientes no se puede embellecer, por lo tanto él no sufre la fascinación del horror. [...] ésta es la grandeza de Sábato, este coraje, esta lucha. Sus obras son luz y tiniebla; todo lo que tiene la vida. Saber unir la aventura de la vida con el juicio, el compromiso, la moral. Para seguir con la buena lucha, como decía San Pablo.
La vida es más de todas formas que cualquier escritura. Y la humildad de Ernesto Sábato, que se convierte en coraje, su pasión, su ironía, lo hacen grande. El gran arte sabe que tiene que servir a la existencia, como decía Esquilo, que hizo que en su tumba se pusiera simplemente que había luchado con valor en Maratón. Frente a un gran escritor, como Ernesto Sábato, hay que decirle simplemente gracias por existir, por ayudarnos a vivir con mayor valor y con humildad. Leer a Sábato, compartir la vida con él, nos ayuda a vivir mejor.
(Leí "Sobre héroes y tumbas" en la edición de Casa de las Américas, de Cuba, es decir, la edición primera. Recientemente lo recordé porque hay un paralelismo, según yo, con el universo de Haruki Murakami, con ese mundo soterrado y oscuro que el lector transita animado por el dolor. Mundo intuído anteriormente en la narrativa de Roberto Arlt y otros argentinos más jóvenes. Se reproduce un texto de Claudio Magris aparecido en la sección Cultural del diario El Mundo, el 9/ sept./2004.)
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