HIRONOMACHI
1.
Tengo 75 años: antes del tsunami ya me habían detectado la enfermedad, por eso sigo aquí. La sentencia la llevo en el alma, mis días y mis noches están contados, cada vez serán menos. Como cualquiera.
2.
Con mis hijos es distinto: ellos se fueron para alejar a mis nietos de la radiación. Aunque ésta no se ve como vemos las estrellas y el vaho en invierno, pude apreciar el germen del cáncer en los ojos de los niños, en sus mascotas, en la soledad que me rodea.
3.
Allá adelante, cerca de la pagoda, vive mi hermana de 85 años que, como yo, decidió quedarse, fiel a su pasado y apegada a sus ancestros. A su vida, dice ella, llegó puntual el maremoto como llega a tiempo el último aliento. Aunque no hay quien robe sus pertenencias, prefirió permanecer para anotar las réplicas en el cerezo del patio. En sueños ha viajado a Fukushima, de donde ha rescatado el álbum que le heredaron nuestros antepasados. Dice que en la foto sepia de mi infancia yo ya tenía esta mirada, la del desastre. Ambos nacimos en Hiroshima.
4.
Ella dice que alguno de nosotros morirá antes del siguiente invierno. Me ha manifestado su deseo de que esparza sus cenizas con el viento, en dirección a Fukushima, que será como volver al seno familiar. Pero si yo muero antes, ya sabe que me complacerá vaciar mis cenizas al río más próximo, actualmente tumba de miles de peces, de lirio acuático y de niños abandonados a su muerte.
Tengo 75 años: antes del tsunami ya me habían detectado la enfermedad, por eso sigo aquí. La sentencia la llevo en el alma, mis días y mis noches están contados, cada vez serán menos. Como cualquiera.
2.
Con mis hijos es distinto: ellos se fueron para alejar a mis nietos de la radiación. Aunque ésta no se ve como vemos las estrellas y el vaho en invierno, pude apreciar el germen del cáncer en los ojos de los niños, en sus mascotas, en la soledad que me rodea.
3.
Allá adelante, cerca de la pagoda, vive mi hermana de 85 años que, como yo, decidió quedarse, fiel a su pasado y apegada a sus ancestros. A su vida, dice ella, llegó puntual el maremoto como llega a tiempo el último aliento. Aunque no hay quien robe sus pertenencias, prefirió permanecer para anotar las réplicas en el cerezo del patio. En sueños ha viajado a Fukushima, de donde ha rescatado el álbum que le heredaron nuestros antepasados. Dice que en la foto sepia de mi infancia yo ya tenía esta mirada, la del desastre. Ambos nacimos en Hiroshima.
4.
Ella dice que alguno de nosotros morirá antes del siguiente invierno. Me ha manifestado su deseo de que esparza sus cenizas con el viento, en dirección a Fukushima, que será como volver al seno familiar. Pero si yo muero antes, ya sabe que me complacerá vaciar mis cenizas al río más próximo, actualmente tumba de miles de peces, de lirio acuático y de niños abandonados a su muerte.
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