Margaret Atwood (1939 )

Poema nocturno



No hay nada a qué temerle,
es sólo el viento
cambiando hacia el este, es sólo
tu padre el trueno
tu madre la lluvia

En este país de agua
con su luna parduzca húmeda como un hongo,
sus tocones ahogados y largas aves
que nadan, donde el musgo crece
en todos los lados de los árboles
y tu sombra no es tu sombra
sino tu reflejo,

tus verdaderos padres desaparecen
cuando las cortinas cubren la puerta.
Somos los otros,
los de abajo del lago
que silentes estamos al pie de tu cama,
con nuestras cabezas de oscuridad.
Hemos venido a cubrirte
con lana roja,
con nuestras lágrimas y susurros distantes.

Te meces en los brazos de la lluvia
la fría arca de tu dormir,
mientras nosotros esperamos, tus nocturnos
padre y madre
con nuestras manos frías y lámparas muertas,
sabiendo que solamente somos
las oscilantes sombras lanzadas
por una vela, en este eco
que escucharás veinte años después.


("periódico de poesía", no. cien, trad. daniela birt)

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