Efraín Huerta, poeta
Breve elegía a Blanca Estela Pavón
Ahora y en la hora de nuestra muerte, ahora y
siempre,
bajo la consigna de la angustia y a la sombra del
sueño,
te espero, te esperamos, paloma de nostalgia, suave
alondra.
Un sueño es una perla que se deshace al vuelo.
La angustia es un misterio detenido en su muerte.
Decir: una paloma, es ver que una esperanza se nos
va, gota a gota.
Estoy entre tu muerte y estoy entre tu vida.
Bajo tu clara sombra, al pie de la agonía.
Soy el pequeño árbol que no seca su llanto,
soy sombra de mí mismo, alcohol martirizado.
Soy frágil, varonil, soy maltrecha nostalgia.
Soy sombra de tu muerte y perfil de tu vida,
el vaso de tu sangre, rosa de tus cenizas,
estatua de tu polvo, violencia de tu seda.
Soy tu sollozo y soy la herida de tu vuelo.
Ahora y en la hora de nuestra muerte, amor,
soy mármol en tu lecho, clavel entre tu tierra,
el oro en tu ataúd y el ciprés en tu tumba.
Ahora soy un hombre con el luto en los hombros.
Soy tu luto, tu negro, enronquecido y ciego
ir y venir, morir, nacer y estar muriendo.
Tú fuiste la paloma del más perfecto vuelo.
Yo invento la tristeza e invento la agonía.
Estoy junto a tu muerte, que es mi propio veneno.
Estás junto a mi muerte y yo soy tu elegía.
6 de octubre de 1949
(fuente: Poesía 1935-1968, ed. J. Mortiz-SEP, col. Nueva Serie Lecturas Mexicanas, no. 54, México, 1986.)
Ahora y en la hora de nuestra muerte, ahora y
siempre,
bajo la consigna de la angustia y a la sombra del
sueño,
te espero, te esperamos, paloma de nostalgia, suave
alondra.
Un sueño es una perla que se deshace al vuelo.
La angustia es un misterio detenido en su muerte.
Decir: una paloma, es ver que una esperanza se nos
va, gota a gota.
Estoy entre tu muerte y estoy entre tu vida.
Bajo tu clara sombra, al pie de la agonía.
Soy el pequeño árbol que no seca su llanto,
soy sombra de mí mismo, alcohol martirizado.
Soy frágil, varonil, soy maltrecha nostalgia.
Soy sombra de tu muerte y perfil de tu vida,
el vaso de tu sangre, rosa de tus cenizas,
estatua de tu polvo, violencia de tu seda.
Soy tu sollozo y soy la herida de tu vuelo.
Ahora y en la hora de nuestra muerte, amor,
soy mármol en tu lecho, clavel entre tu tierra,
el oro en tu ataúd y el ciprés en tu tumba.
Ahora soy un hombre con el luto en los hombros.
Soy tu luto, tu negro, enronquecido y ciego
ir y venir, morir, nacer y estar muriendo.
Tú fuiste la paloma del más perfecto vuelo.
Yo invento la tristeza e invento la agonía.
Estoy junto a tu muerte, que es mi propio veneno.
Estás junto a mi muerte y yo soy tu elegía.
6 de octubre de 1949
(fuente: Poesía 1935-1968, ed. J. Mortiz-SEP, col. Nueva Serie Lecturas Mexicanas, no. 54, México, 1986.)
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