Salvador Novo cronista
Salones de belleza
En efecto, el viejo "Godefroy" era el único. Vendí postizos para los grandes chongos porfirianos, bisoñés para los calvos no resignados, cremirrumpieron su moda, a Simón. Cuando, en 1925, las pelonas, y los cultos periodistas hicieron chistes consabidos sobre los "cabellos largos e ideas cortas", que habían leído en las ediciones Maucci Schopenhauer (perdón; eran Samperer), la ciudad no estaba preparada para servir en sus peluquerías masculinas a las señoras que las invadieron. Pero bien pronto ya hubo "salones de belleza" para ellas solas, que ahora los llenan y hacen cola para ocuparlos y salir transformadas, metamorfoseadas; ya desde el de Esperanza, a que acude toda la aristocracia, ya desde el de cualquier barrio, que emperifolla a toda la vecindad.
(fuente: Nueva grandeza mexicana, ed. Conaculta, 1992, col. Cien de México, Primera edición en Hermes, 1946.)
En efecto, el viejo "Godefroy" era el único. Vendí postizos para los grandes chongos porfirianos, bisoñés para los calvos no resignados, cremirrumpieron su moda, a Simón. Cuando, en 1925, las pelonas, y los cultos periodistas hicieron chistes consabidos sobre los "cabellos largos e ideas cortas", que habían leído en las ediciones Maucci Schopenhauer (perdón; eran Samperer), la ciudad no estaba preparada para servir en sus peluquerías masculinas a las señoras que las invadieron. Pero bien pronto ya hubo "salones de belleza" para ellas solas, que ahora los llenan y hacen cola para ocuparlos y salir transformadas, metamorfoseadas; ya desde el de Esperanza, a que acude toda la aristocracia, ya desde el de cualquier barrio, que emperifolla a toda la vecindad.
(fuente: Nueva grandeza mexicana, ed. Conaculta, 1992, col. Cien de México, Primera edición en Hermes, 1946.)
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