Uriel Martínez (1950 )
El buen fin
Era tan pobre que cuando nació lo echaron a un moisés que desembocó en el Mar de los Sargazos
Era tan pobre que le dijeron que se callara porque ya no había especialistas en esperanto.
Era tan pobre y distraíd@ que cuando salió de la representación de "La Orestiada" el dictador ya era cadáver.
Era tan pobre que España nunca apartó de él aquel cáliz.
Era tan pobre que vendió el manuscrito de su "Libro del Desasosiego" a un hombre taciturno con trastornos hepáticos.
Era tan pobre que en sus periodos de insomnio se levantaba a verificar las ratoneras vacías y sin queso.
Era tan pobre que tenía años con la muela del juicio bajo la almohada.
Era tan pobre que había días que merendaba las hojas en blanco.
Era tan pobre que pensó erigirle un altar al As de Oros.
Era tan pobre que concibió sus últimos días ayuno de hambre.
Era tan pobre que lo contrataron en un circo ya sin animales,ni la Mujer Tortuga, la Niña Malvada ni el Traga Espadas.
Era tan pobre que se sentó a rastrar el árbol genealógico del Buscón llamado don Pablos, su pariente remoto.
Era tan pobre que la Diosa Fortuna le sacaba la vuelta.
Era tan pobre que ni Anita La Huerfanita le prestaba juguetes.
Era tan pobre en su discurso que la pitonisa y su sicoanalista terminaban contrariad@s.
Era tan pobre que no tenía domicilio conocido ni desconocido.
Era tan pobre que cuando se le acabó el lápiz escribió con el índice.
Era tan pobre que nunca pasaba nadie a recogerlo del kindergarden.
Era tan pobre que la Noche Buena cenaba en casa de Gregorio Samsa.
Era tan pobre que ni el Poveretto de Asíssi lo quiso de amigo.
Era tan pobre que había imaginado una narcofosa donde escribiría su primera novela.
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