Bruce Weigl (1949 )

Canto del napalm


Después de la tormenta, después de que la lluvia acallara su golpeteo,

nos paramos en la puerta observando a los caballos

cruzar a paso lento y desganadamente la pastura en la colina.

Los miramos a través del mosquitero de la puerta,

nuestra visión alterada por la distancia

entonces pensé que había visto nubecitas de niebla

surgiendo alrededor de sus cascos,

cuando palidecieron

como perfiles recortados en el horizonte

alejándose de nosotros.

Los pastos no fueron nunca tan azules, tan

escarlatas; más allá de la pastura

los árboles mezclaron sus voces raspadas dentro del viento, las ramas

se cruzaron unas a otras en el firmamento como alambre de púas

pero vos dijiste que eran solamente ramas.


Muy bien. La tormenta detuvo sus golpes.

Estoy intentando decir esto de un modo directo: por una vez

yo estaba por completo en mis cabales para hacer una pausa y respirar

más allá de mis planes salvajes y después de la dura lluvia

le di mi espalda a los viejos maleficios. Finalmente

pude creer que se habían alejado de mi…


Sin embargo las ramas todavía son alambres

y los truenos el estruendo de la artillería,

ha pasado el tiempo y cuando cierro mis ojos

aún veo a la niña huyendo a la carrera de su aldea, el napalm

adherido a su vestido como jalea,

sus manos extendidas hacia nadie

que frente a ella aguarda en olas de ardiente calor.


Entonces para seguir viviendo,

para poder permanecer aquí a tu lado,

trato de imaginar que ella corre por el camino

y que en su interior se agitan alas hasta que se eleva

sobre la selva maloliente y su dolor

se alivia, y también el tuyo, y el mío.


Pero, la mentira da media vuelta, regresa.

La mentira funciona solamente durante

/el tiempo en que se demora en hablar

y la niña corre tan lejos

como se lo permite el napalm

hasta que sus tendones en llamas

y los crepitantes músculos se tensan

en esa su posición final.


Quemar cuerpos a la perfección, imaginatelo. Nada

podrá cambiar eso; ella arde detrás de mis ojos

y ni tu buen amor, ni el aire barrido por la lluvia,

ni el selvático verde de la pastura

extendiéndose frente a nosotros, podrán negarlo.
 
 
(texto tomado del blog "alpialdelapalabra", versión de esteban moore.)



 

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