Anónimo
Un poema carcelario
Queréis saber por qué estoy
en esta cárcel metido,
tratado como un bandido
que no piensa ser ni soy?
Pues, porque me condenó
a este infierno donde estoy
la fortuna torpe y vana,
mientras que si cambia hoy
más bien pudiera mañana
llegar a ser lo que soy....
Si es ley la fatalidad
que a delinquir nos obliga,
¿pues por qué la ley castiga
con saña a la humanidad?
¿Y por qué la fatalidad
conduce mi paso infiel
hasta este sepulcro incierto
donde me encuentro cautivo
haciéndome un vivo muerto,
o más bien un muerto vivo?
¡Muerte, palabra temida
que a los dichosos aterra,
pero palabra que encierra
más dulzura que la vida!
¿Y debiera yo morir? No.
Mas si no puedo vivir
como viven los demás,
aumentaré en uno más
la lista de los que gimen.
Mas sepan los que me oprimen
que solo la vida arrostro
para escupir en su rostro
las miserias y los crímenes.
¡Madre, por qué entre tus brazos
no me ahogaste al nacer?
¿por qué me hiciste crecer
y no me hiciste morir?
Tú debiste consentir
trocarte en mi infanticida
pues me hubieras dado vida
no dejándome vivir.
(texto cedido por el sitio "portal de poesía" de Francisco Álvarez Velasco.)
Queréis saber por qué estoy
en esta cárcel metido,
tratado como un bandido
que no piensa ser ni soy?
Pues, porque me condenó
a este infierno donde estoy
la fortuna torpe y vana,
mientras que si cambia hoy
más bien pudiera mañana
llegar a ser lo que soy....
Si es ley la fatalidad
que a delinquir nos obliga,
¿pues por qué la ley castiga
con saña a la humanidad?
¿Y por qué la fatalidad
conduce mi paso infiel
hasta este sepulcro incierto
donde me encuentro cautivo
haciéndome un vivo muerto,
o más bien un muerto vivo?
¡Muerte, palabra temida
que a los dichosos aterra,
pero palabra que encierra
más dulzura que la vida!
¿Y debiera yo morir? No.
Mas si no puedo vivir
como viven los demás,
aumentaré en uno más
la lista de los que gimen.
Mas sepan los que me oprimen
que solo la vida arrostro
para escupir en su rostro
las miserias y los crímenes.
¡Madre, por qué entre tus brazos
no me ahogaste al nacer?
¿por qué me hiciste crecer
y no me hiciste morir?
Tú debiste consentir
trocarte en mi infanticida
pues me hubieras dado vida
no dejándome vivir.
(texto cedido por el sitio "portal de poesía" de Francisco Álvarez Velasco.)
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