Uriel Martínez (1950 )
Avant-hier
1
El mes pasado vinieron y se llevaron mi tele, la que me regalaste Cuauhtémoc, la que me quedó como recuerdo de ti, desaparecido en alguna tumba desconocida de Coahuila. Una tumba que no se localiza como se ubican tesoros por exhumar los días últimos de semana santa. Era una tele, hoy un modelo antiguo digno de permanecer en algún museo de antigüedades.
2.
Los días posteriores al cambio de domicilio de ese armatoste con perfil de camello sentí un vacío en mí que no se llenaba con pases siniestros de escoba, de agua bendita, de franelas empolvadas en el polvo, el pasado, el ayer, el Torreón de todas mis madrugadas. Era un extrañar los cables sueltos, las antenas abiertas como alas de libélula gigantesca, la necesidad de sintonizar contigo para avisarte que -ese día-, morirías un poco más.
3.
El espacio que ocupó ese mueble vetusto lo llenó una mesita, un modular y dos bocinas y un altero de discos que ahora me llenan la cabeza de humo, de polvo, de tierra removida como una costra que no termina de desprenderse por sí sola. Esperaré ese día, el del desprendimiento, cuando pasen y bajen las alas como de libélula, los cables sueltos del polo positivo y el polo negativo que algunos tuvieron siempre fuera de lugar. Buenas noches, amigo.
[muro fb autor]
1
El mes pasado vinieron y se llevaron mi tele, la que me regalaste Cuauhtémoc, la que me quedó como recuerdo de ti, desaparecido en alguna tumba desconocida de Coahuila. Una tumba que no se localiza como se ubican tesoros por exhumar los días últimos de semana santa. Era una tele, hoy un modelo antiguo digno de permanecer en algún museo de antigüedades.
2.
Los días posteriores al cambio de domicilio de ese armatoste con perfil de camello sentí un vacío en mí que no se llenaba con pases siniestros de escoba, de agua bendita, de franelas empolvadas en el polvo, el pasado, el ayer, el Torreón de todas mis madrugadas. Era un extrañar los cables sueltos, las antenas abiertas como alas de libélula gigantesca, la necesidad de sintonizar contigo para avisarte que -ese día-, morirías un poco más.
3.
El espacio que ocupó ese mueble vetusto lo llenó una mesita, un modular y dos bocinas y un altero de discos que ahora me llenan la cabeza de humo, de polvo, de tierra removida como una costra que no termina de desprenderse por sí sola. Esperaré ese día, el del desprendimiento, cuando pasen y bajen las alas como de libélula, los cables sueltos del polo positivo y el polo negativo que algunos tuvieron siempre fuera de lugar. Buenas noches, amigo.
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