Golgona Anghel (1979 )
Subíamos a la altura del grito
y nos tirábamos de la mano
hacia adentro de un sueño.
Querían analizar los símbolos de nuestro viaje onírico
y nos invadían el consciente
con el inconsciente colectivo de ellos.
Intentábamos entonces poseer cuerpos fáciles y callados:
yo — el cajero brasileño del Lidl,
tú — la mujer del profesor de derecho civil.
A veces te ibas de mi imaginación REM,
por cosas pendientes
y para cada uno de estos finales
yo tenía una continuación a medida.
Una vez saltaste sobre el camello
que acababa de nacer en mi espalda;
y cruzaste entonces la frontera sin mirar atrás.
Convertí ese sueño en el Lisboa-Dakar de nuestras noches
y anduve persiguiéndote como un coyote hambriento
en las arenas que me arañaban la vista.
Teníamos la edad de nuestros hijos
y estábamos contentos con aparecer
en los extras de las vidas ajenas.
Ese era nuestro campo de concentración de la felicidad.
("la libélula vaga", trad. aníbal cristobo)
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