Verónica G. Arredondo (1984 )

Lubricantes o El sujeto anhelante

                                                        Verónica G. Arredondo


No permitas que la noche
nos devore, viento, haz
de su vida y la mía
una sábana mortuoria.
                                                                                                                                        Uriel Martínez

Dar cuerpo a la noche, a su rastro, al sueño. En el primer apartado del libro el poema se
abre y continúa su desarrollo como en rastros del poema anterior, dando lugar a una
multiplicidad de imágenes desde diversas vertientes en torno a un objeto, en este caso la
noche, la muerte, el deseo.
El sujeto anhelante en el poema es un tú, invariablemente masculino como la voz que
enuncia el extrañamiento. La sensación de vacío del cuerpo que se anhela o se ha ido. La
búsqueda del otro va acompañada por desesperanza, derrota o ansiedad que no cesa;
impaciencia, incertidumbre, espera. La humedad permanece en la memoria.

Como las piedras un día
serán ojos de agua, igual
los huesos los sabremos cenizas.
1
Nostalgia es la muerte que ronda. Hace falta un poco de agua para que resbale la tristeza,
para que los engranes de la vida y los huesos detengan el deterioro del óxido. Ocre en los
dientes roídos por la mentira y el tiempo; en la basura vendas y curaciones de heridas
abiertas. O bien, un trago de amargo licor para que naden las penas.
Donde el insomnio reclama
tu cuerpo, arrojé baldes
de tequila, agua, café, mezcal,
pero ni así.2
La escritura tiene lugar en hoteles de grandes ciudades. La escritura, esa balsa que
alumbra y salva-vidas.

A mis muertos debo la voz,
a ellos he de ceñir la escritura;
nomás a ellos.3
En Paisajes, el escenario cambia, ciudad de Zacatecas o el paisaje interior, la intimidad. En
Fukushima la muerte se instala. El poeta es testigo de la historia en la que el hombre es
protagonista de su devastación, la historia del hombre. Formas posibles para morir
aparecen en Escenarios: la preocupación, la pesadilla recurrente que quizá se ha convertido
en cliché, sin embargo concierne tanto a parejas homosexuales como hetero.


Arrojé a la corriente
de aguas negras la colilla
del último Malboro.
Cuando vi que iba
aguas abajo alcancé
a ver que se abría.
Al abrirse, el carmín
de mis labios se fundió
con las heces fecales, etc.
Así pasó con mi saliva,
con mis noches, con tu boca,
tu sangre y su cauce.
Como un bolero de 78RPM
te fuiste en escenas b/n
con un traspié de fox-trot.
Sin que nadie
te detuviera, ni el otoño,
ni las estrellas, ni el rojo
Aids que vi llegar a tu vida.4
En uno de los últimos apartados, el vislumbre de un poema en homenaje al vate
jerezano, Ramón López Velarde.


Si hay algo que echo de menos
es el universo de las hormigas,
la perfección de su nado sincronizado
y el tempo que las lleva cada día
a procurarse el sustento.
Cuando en casa alguien amanecía
con una cara de los mil demonios
me mandaban a observar el hormiguero
y el ballet que trazaban con hojas verdes.
Antes de rendir mi informe
acerca de la tarea cotidiana
que cumplía, ya me había hecho
una idea de sus cavidades en el agujero.
Me iba entonces a la sala,
y en una hoja de cuaderno
trazaba minuciosamente la arquitectura
interior del vecindario.
En cualquier momento me escapaba
a la luna del ropero y veía que Uriel
ya tenía otro semblante: ya eran
menos los demonios; los más, amaestrados.5


Lubricantes, la melancolía de una tarde gris, en la que finalmente llega la lluvia.


Mayo 2018, Zacatecas, ZAC.


1 Todas las citas de Lubricantes, Uriel Martínez. Juan Pablo Editor: México, 2017. P. 31.
2 P. 54.
3 P. 45.
4 P. 76.
5 P. 92.

nota: texto leído en el marco del Festival de la Diversidad Sexual, mayo 2018, ciudad de Zacatecas.

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