George Bacovia (1881/1957 )
Tarde sombría
Bárbaramente esa mujer cantaba
en el café desierto, aquella tarde.
Bárbaro y lleno de dolor era el canto
y había tanto ruido alrededor:
el monstruoso estruendo de los címbalos.
Bárbaramente es mujer cantaba.
Bárbaramente esa mujer cantaba...
Y allí estábamos en tal penumbra,
entre nubes espesas de humo de cigarro
reflexionando en mundos que no existen...
Con tremendo esplendor satánico
bárbaramente esa mujer cantaba.
Bárbaramente esa mujer cantaba,
y había tanto ruido alrededor...
Desganados por irnos a casa,
de bruces sobre la mesa, llorábamos;
mientras en el café desierto
bárbaramente esa mujer cantaba...
("la palabra y el hombre", revista de la uv, no.43, enero-marzo 2018; traducción de aleqs garrigóz)
Bárbaramente esa mujer cantaba
en el café desierto, aquella tarde.
Bárbaro y lleno de dolor era el canto
y había tanto ruido alrededor:
el monstruoso estruendo de los címbalos.
Bárbaramente es mujer cantaba.
Bárbaramente esa mujer cantaba...
Y allí estábamos en tal penumbra,
entre nubes espesas de humo de cigarro
reflexionando en mundos que no existen...
Con tremendo esplendor satánico
bárbaramente esa mujer cantaba.
Bárbaramente esa mujer cantaba,
y había tanto ruido alrededor...
Desganados por irnos a casa,
de bruces sobre la mesa, llorábamos;
mientras en el café desierto
bárbaramente esa mujer cantaba...
("la palabra y el hombre", revista de la uv, no.43, enero-marzo 2018; traducción de aleqs garrigóz)
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