A.E. Quintero (1969 )
Veníamos...
veníamos de cortar
algunos capullos de mariposas.
Las tardes de noviembre
las usábamos para salvarlos de las primeras heladas.
Y a ese bisbiseo de ir juntos,
de cortar capullos,
le llamabas -con tu voz de hablar bonito, ronca-
silencio. Le llamabas silencio.
Y yo te miraba más alto,
corazón de raíz profunda, raíz, te miraba
más alto y más mi padre que otros días.
Y ciertamente el silencio bisbiseaba,
y ciertamente
todos mis corazones
de niño que camina con su padre,
de niño que huele a tierra despertada temprano
y a yerbas echadas a un lado,
bisbiseaban.
Mi corazón,
que no es mi corazón de ahora, te veía más alto.
Y aquellos capullos de mariposa
son la única prueba que aún tengo
de que tuve un padre, y de que había momentos
en los que caminábamos juntos
y me quería.
Porque hubo momentos en que me quería.
("monolito")
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