DONDE DEBEN CAER LAS CATEDRALES
uno.
Entiéndelo, le dije no lo conocí y no iré a la misa de cuerpo presente a Catedral ni lo acompañaré al panteón de los opulentos, La Asunción, pues él ya tiene asegurado un sitio en el cielo en la sección VIP. ¿Me comprendes?, le embijé en la cara. Parpadeó y guardó silencio. Y si te persignas te irá mal, le dije para picarle el orgullo.
dos.
Más tarde me enteré que murió a consecuencia de la picadura de una viuda negra, llamada también araña capulina (Latrodectus mactans), que abunda profusamente en México, arácnido que procura los sitios fríos y húmedos -iglesias, capillas, catedrales-, que se esconde en rincones oscuros, en las cornisas de edificios y ranuras de puertas, ventanas y demás; que su veneno provoca la muerte por parálisis cardiopulmonar, etc.
tres.
Más temprano, me enteré que era velado en un tanatorio para deudos e instituciones de poder económico, que la sala donde había pasado la noche estaba atiborrada de coronas con los nombres de aquellos que desvían nuestros impuestos a causas superfluas y ostentosas; que la misa de cuerpo presente en catedral fue oficiada por varios curas. Que el tlatoani de Dogville hizo acto de presencia en uno y otro sitio, etc.
cuatro.
Cerca de mediodía, supe por la prensa que durante dos décadas fue capellán de los toreros de Dogville: sí, aquellos que sin remordimiento alguno ejercen violencia contra animales indefensos, cortan rabos y orejas y brindan toros a manolas y políticos de medio pelo -como los que abundan en esta aldea. Que había muerto a consecuencia de la picadura de una viuda negra, conocida así popularmente por su panza combada y de ese color. Supe también que el que a hierro mata, a hierro muere.
(texto tomado del muro de Uriel Martínez)
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