Regino Mateo (1965)
Aquiles vela el cuerpo de Patroclo
En recuerdo de Lander
Se confunden ahora sus palabras
en la memoria rota.
No recuerdo si dijo volaré
sobre un turbio alazán hasta tus brazos
antes de que la noche los enfríe
o si dijo seré yo tu victoria,
tu brazo poderoso, el puño airado
capaz de quebrantar el desafío
de los muros de Troya.
No recuerdo si Héctor,
Domador de Caballos, lo arrolló
con un feroz rugido en el sendero
o si arrasó su lanza este pequeño
corazón con la muerte que era mía.
Ahora hay sólo silencio.
Y esta noche de agosto huele a sangre.
Y dicen que está muerto. Y yo no quiero
que su cuerpo de tierra sea tierra,
que se crispen sus labios
y griten con voz ciega “Canta, diosa,
la tristeza de Aquiles”.
(texto tomado del blog ´dosmanzanas´on line.)
En recuerdo de Lander
Se confunden ahora sus palabras
en la memoria rota.
No recuerdo si dijo volaré
sobre un turbio alazán hasta tus brazos
antes de que la noche los enfríe
o si dijo seré yo tu victoria,
tu brazo poderoso, el puño airado
capaz de quebrantar el desafío
de los muros de Troya.
No recuerdo si Héctor,
Domador de Caballos, lo arrolló
con un feroz rugido en el sendero
o si arrasó su lanza este pequeño
corazón con la muerte que era mía.
Ahora hay sólo silencio.
Y esta noche de agosto huele a sangre.
Y dicen que está muerto. Y yo no quiero
que su cuerpo de tierra sea tierra,
que se crispen sus labios
y griten con voz ciega “Canta, diosa,
la tristeza de Aquiles”.
(texto tomado del blog ´dosmanzanas´on line.)
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