EL INFIERNO KITCH

uno.
El mayor defecto de la última película de Luis Estrada, El infierno, es la indefinición del género en que nos es contada pues, a lo largo de la proyección, uno se pregunta si es una farsa de humor negro, una tragicomedia negra o una sátira encuadrada en un realismo crítico o simplemente una comedia costumbrista en que priva un tono kitch.

dos.
Benjamín García recibe la bendición de su madre y parte a EEUU, suponemos de indocumentado. Corte. Veinte años más tarde, al salir deportado y de una cárcel, le advierten que ya no regrese. En el trayecto el derrotado sufre un asalto en el camión y otro en un retén militar. Llega a su pueblo: la madre lo reconoce con reproches, la tendera lo reconoce con malas palabras, el padrino del yonke también. Conoce al "Cochiloco", quien lo introduce al negocio de las drogas, en el burdel "Salón México" se reencuentra con la mujer de su hermano (gemelo) muerto. En la trama aparecen varios gemelos: el "soplón" que traiciona al hermano, el alcalde enemigo jurado de su hermano (gemelos narcos), etcétera.

tres.
El actor Damián Alcázar, tan parecido a Germán Valdés, Tintán, utiliza recursos cómicos de éste que, se diría, es parte del homenaje que hace el director a cintas memorables como "El gallo de oro" y "Los tres García" o a películas de humor involuntario como las de Juan Orol y las del Enmascarado de Plata, sólo que la obra de Luis Estrada pretende hacer una crítica al sexenio de violencia que a todos nos ha rozado directa o tangencialmente, que ya ha dejado un saldo cercano a los 30 mil muertos.

cuatro.
A la indefinición del tono contribuye, en mucho, los efectos especiales conseguidos en escenas como la de los "pozoleros", en donde sobresale una pierna y un pie evidentemente de utilería, las cabezas de los decapitados obviamente hechizas, etcétera. Las escenas eróticas no se le dan al director, ni cuando Benjamín monta por vez primera a su cuñada ni cuando se liga a una morena en el burdel "El gallo de oro", cuyos resultados son de un tono kitch quizá involuntario.

cinco.
Por lo demás, hay un marcado desequilibrio entre la trama que nos es expuesta y el abuso de música norteña, particularmente de rolas del grupo chicano "Los Lobos"; salta a simple vista la presencia del cine violento de Quentin Tarantino -Bastardos sin gloria-, de Alejandro González Iñárritu -un episodio de Babel- y varias escenas de Robert Rodríguez. Por último, hay una intención "didáctica" en el director que recuerda bastante el discurso "entre líneas" del Milusos y el trabajo actoral de Héctor Suárez. La duración de la cinta, cerca de 150 minutos la vuelve aterradoramente aburrida.

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En el Infierno finalmente no se logra ni retratar ni superar la realidad, menos aún acercarse someramente al ranchero y a la vida del campo o de los pueblos pequeños de la sierra o del desierto o de la selva, al emigrante, al capo y al político mexicanos. Es una aburrida, larga y mala caricatura de los que pasa en México, mal trazada, sin argumento novedoso, con una sarta de lugares comunes, y sí, ni las cogidas ni los asesinatos calan donde duele o donde se encuentra placer. Damián Alcázar no es más que más de lo mismo de el mismo Alcázar de otros filmes, y Estrada no supera la filmografía de su padre (José Estrada).  fernando andrade

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