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Carson McCullers (1917/1967 )

El amor y la corteza del tiempo Cuál es el momento en que el hombre debería ser tan consciente: La Tierra tiene 500 mil millones de años, permitiendo cientos de miles de millones de margen de error y el hombre evolucionado apenas medio millón de años de consciencia penumbra y terror. Sólo una pizca de eternidad nos separa de la bestia ignorante y ¿cuán lejos estamos del helecho, la rosa, levadura esencial? Incluso en estos eones luz ¿Hasta qué punto del animal a la vespertina estrella? Me salto el tiempo por ahora y fijo la mirada sobre la eternidad La vista mirando hacia atrás o hacia adelante es la misma ya sea Mozart o un plato sencillo cocinado con una dolencia salvo las iluminaciones, cambian sus ejes pero preferiríamos ser Mozart, querríamos que durase tanto tiempo como fuese posible, irradiar, cantar aunque en la eternidad quizás sea lo mismo. En el cosmos de Dios según los informes nada decae, no se pierde el gen después de siglos puede el bullicio en e...

Claudio Rodríguez (1934/1999 )

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zenda libros Gestos Una mirada, un gesto,              cambiarán nuestra raza. Cuando actúa mi mano, tan sin entendimiento y sin gobierno,              pero con errabunda resonancia, y sondea, buscando calor y compañía en este espacio              en donde tantas otras han vibrado, ¿qué quiere decir? Cuántos y cuántos gestos como              un sueño mañanero, pasaron. Como esa casera mueca de las figurillas              de la baraja: aunque dejando herida o beso, sólo azar entrañable.              Más luminoso aún que la palabra, nuestro ademán, como ella              roído por el tiempo, viejo como la orilla del río, ¿qué significa?              ¿Por qué desplaza el mi...

Diego Medina (1992 )

Ventanas abiertas No estoy, vivo ausente, Bajo balcones de estrellas iracundas Que en las horas más oscuras Llenan de golpes las avenidas De esta ciudad insomne, No estoy, vivo afuera, Iluminado por el rayo de farolas girasoles, No estoy, me dan vértigo los adioses, Las ventanas abiertas cuando el viento no se oye, Los trenes vacíos de la noche, No me busques, vivo lejos, En las azoteas de un café Que me hacen sentir en casa, No me toques, no estoy, Vivo en mi sombra, no en mi cuerpo, No estoy, no persigas el rastro que dejan las ambulancias, Que he desaparecido en el horizonte Siglos antes de que amaneciera, No me despiertes, Quema toda evidencia de mi nombre, Que me dan miedo las ventanas abiertas cuando el viento no se oye. (texto inèdito cedido por el autor)

Antonio Deltoro (1947 )

Los días descalzos II He mentido para acercarme a los otros. Traicioné mi alegría; Mi alegría idiota y porque sí porque los pájaros, porque el aire y las ramas. Ahora, de regreso, puedo alegrarme; porque sí, porque los pájaros, porque el aire y las ramas. Todavía existe el calor, la luz de esta mañana, el agua que sale de los grifos. Los días descalzos son fragmentos de Cuernavaca. Dentro de mí, sobre la acera, toman el sol un nieto y el abuelo, apenas hablan; miran los árboles, las sombras. El nieto en el rayo de luz se pasma, el abuelo apura con deleite el olvido que un poco de sol le otorga. Mis pasos me llevan a mis ojos y esta luz  a esos árboles, voy por la calle siguiendo los letreros, los rostros, mis corazonadas; agradezco las pausas en las bancas y la prolongación en las banquetas; ¿la acera que se pierde en la distancia, es la misma que se dobla en la esquina? La fascinación por este muro me hace repetir la misma cuadra, hoy es enero y mayo se...

Juan Carlos Bautista (1964 )

(Diabla la Grande) No era bonita Diabla la Grande, había en su cara bestialidad y la recorría ponzoñoso un viento sin recodos. Y, sin embargo, era un caballo-lirio vestido de mujer, un montón de rosas oscuras          reclamando caricia en las espinas. Diabla reía y su risa era un ensimismamiento de piedra viva, un relámpago en la noche inútil del Marrakech. Larga, como una serpiente su cuello,                   tumbada en camastros de hotel,                desatada del mástil del día,                            entre risitas roncas y colores a punto de pudrirse, amando su perdición,    ...

Pablo Antonio Cuadra (1912/2002 )

El nacimiento del sol He inventado mundos nuevos. He soñado noches construidas con sustancias inefables. He fabricado astros radiantes, estrellas sutiles en la proximidad de unos ojos entrecerrados. Nunca, sin embargo, repetiré aquel primer día cuando nuestros padres salieron con sus tribus de la húmeda selva y miraron al oriente. Escucharon el rugido del jaguar. El canto de los pájaros. Y vieron levantarse un hombre cuya faz ardía. Un mancebo de faz resplandeciente, cuyas miradas luminosas secaban los pantanos. Un joven alto y encendido cuyo rostro ardía. Cuya faz iluminaba el mundo. El cementerio de los pàjaros Arribé al islote Enfermo fatigado el remo buscando el descanso de un árbol. No vi tierra sino huesos. De orilla a orilla huesos y esqueletos de aves, plumas calcinadas, hedor de muerte, moribundos pájaros marinos, graznidos de agonía, trinos tristes y alguna trémula osamenta aún erguida con el pico abierto al viento. Con d...

Eugenio Montale (1896/1981 )

Pequeño testamento Esto que de noche fulgura en el casco de mi pensamiento, huella nacarada de babosa o esmeriles de vidrio pisoteado, no es lámpara de iglesia o de taller que alimente clérigo rojo o negro. Sólo este arco iris puedo dejarte como testimonio de una fe que fue combatida de una esperanza que ardiera más lenta que un duro leño en la chimenea. Conserva su ceniza en el espejito cuando, extintas las lámparas, la sardana se vuelva infernal y un sombrío Lucifer baje sobre una proa del Támesis, del Hudson o del Sena sacudiendo sus alas de betún semitruncadas de cansancio a decirte: es la hora. No es una herencia, no es un amuleto que ampare del golpear de los monzones sobre la telaraña de la memoria, pero una historia dura tan sólo en la ceniza y persistencia es sólo la extinción. Exacto era el indicio: quien lo ha reconocido no puede fracasar al encontrarte. Cada uno reconoce a los suyos: el orgullo no era huida, la hum...