Maria do Rosário Pedreira (1959 )
Nómada Se sentó en el puerto y abrió para quienes lo escuchaban su libro de viajes. Había conocido las montañas heladas del norte y atravesado de noche blancas y densas selvas, acosado por los osos. Había cruzado ciudades luminosas donde las mujeres tenían el cabello rubio, pero nadie hablaba su idioma; y se dejó arrastrar por los vientos hasta las playas cálidas del sur donde adquirió piel morena y ojos verdes. Después se instaló provisionalmente en las ruinas de un viejo continente donde fue monje, amante, hombre letrado, y enseñó a las niñas de un claustro blanco los rudimentos de la lectura. Y, por fin, partió hacia uno de los confines del mundo, donde lo tomaron por el último marinero y lo persiguieron. Había perdido a dios en su camino y volvió hacia atrás. Por lo que recordaba, tenía una pequeña herida en la voz: en ningún lugar había hallado aún el nombre de su casa. ("emma gunst", trad. verónica aranda)