Mauricio Álvarez (1976 )


                                                      foto alejandro ortega neri




Lubricantes



Primero que nada agradezco la oportunidad y la invitación para hablar de Lubricantes, el último libro de uno de mis poetas favoritos.

Conocí la poesía de Uriel Martínez hace un par de años en la feria del libro del zócalo. En el stand de la librería "Voces en tinta" encontré el libro “La noche de Hugo y otros poemas”, me llamó la atención su tamaño y su color, lo abrí y encontré este verso:
Boca de cristal de dura roca,
voz que escurre lava,
que incendia y apaga
tallos; hilo de agua
que baja a la fuente
del ombligo.
Al leerlo, ahí, en ese momento, se desataron los mecanismos de amor hacia la poesía de Uriel. Devoré el libro y luego fui descubriendo los otros libros, al poeta que publica inéditos en su blog, que comparte y difunde poetas de tantas latitudes. Para mí fue un golpe de suerte descubrirlo y conocerlo. No puedo sino agradecer toda la generosidad y toda la maravilla que ha compartido para nutrir a la palabra feroz, mi proyecto de difusión de literatura y poesía, así como a mi biblioteca personal.

Algo que admiro de la poesía de Uriel es que se nota el camino por donde viene. Su poesía se inscribe en una larga lista de poetas que dialogan con la muerte y la nostalgia. Con los espacios que quedan vacíos. Este es un diálogo sumamente mexicano, que viene de una larguísima tradición desde el rey poeta Nezahualcóyotl, pasa por los románticos del Siglo XIX, pasa por José Gorostiza, pero en particular, pasa y se encuentra con uno de mis favoritos: la poesía de Xavier Villaurrutia.

También se encuentra un diálogo con un Kavafis, a quien Uriel reconoce como su hermano mayor.

Hay primero una capa superficial, muy terrenal, muy de los hechos simples y cotidianos: compartir galletas con una perra, comer una hamburguesa, mirar la tarde, enumerar las cosas que están en la casa. Pero está la otra parte, debajo de esos hechos simples y cotidianos está la poesía y un acercamiento metafísico a la palabra. En cada uno de los poemas está la nostalgia: en la enumeración de las cosas que están en la casa, también están las cosas que no están, que ya no están o que nunca estuvieron, cada una con su propia dimensión y su propia marca. Hay además eso que no se puede definir, que salta encima de uno, que conecta al poema con el lector: leer los poemas de Lubricantes es maravillarse y darse un golpe en la cara simultáneamente.

En Lubricantes hay ausencias. Hay lugares vacíos. Hay también una soledad desde donde el poeta escribe y con la que se ve que tiene una buena relación.

El libro se divide en siete secciones y hablaré de dos de ellas:

La tercera sección, “Fukushima”, es una pausa para pensar en la muerte, en lo que no se espera, en lo súbito: en la mirada de quien sabe que el tiempo es finito y que lo que quedará serán cenizas o fotografías viejas o la electricidad ocupando el espacio cuando ya no hay quien apague la luz. Esta sección tan breve además me sorprende y me conmueve. Al vivir en esta sísmica Ciudad de México y saberse tan indefenso ante los movimientos de la tierra, es inevitable la empatía con la gente de Japón y su terremoto y tsunami del 2011.

Mi favorita es la primera sección, “Noche no te vayas” – en ella está toda la desolación, las palabras para nombrar derrotas y ausencias. En esta sección Uriel escribe de “algo” que no vuelve: el tiempo, un amante, la alegría, incluso escribe de uno mismo al volver a casa y ya no reconocerse, uno sale de casa y no vuelve el mismo, escribe de aquellas palabras que no se usan más. Hago trampa y haré referencia a lo que Uriel mencionó hace un par de días hablando de Lubricantes, dice que hay palabras que vuelven, de no se sabe que rincón de la memoria y lo obligan a escribir un texto. – Poema La aldaba -

En el resto de Lubricantes están los poemas para hablar del nombre y del deseo. Pronunciar u olvidar cómo hacerlo para hablar del deseo y sus misterios, también para hablar de los muertos y la muerte. De cómo algunos muertos, física o metafísicamente hablando, acompañan las ausencias. Nos encontraremos con la esperanza de que algo suceda, que alguien vuelva, que el viento devuelva las cosas a su lugar. Sabemos que nada será igual: hay enfermedades, fracturas y palabras que no se puede dar marcha atrás, un peregrino que no pertenece al lugar al que llega, al que se le acaba el tiempo y que busca huir de la muerte. De nuevo la muerte rondando los textos. Encontramos que la vida continúa con o sin nosotros. Encontramos historias para hablar de la furia desbordada, de la posibilidad de la reconciliación, de pensar en el tiempo que avanzará, la complicidad entre extraños – Poema: durante mucho tiempo -

La poesía de Uriel Martínez, y en particular la que publica en Lubricantes, es una poesía "urgida de precipicio".

Gracias.


14 abril, 2018. Museo del Estanquillo, Ciudad de México

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