Mauricio Álvarez (1976 )
Primero que nada agradezco la
oportunidad y la invitación para hablar de Lubricantes, el último libro de uno
de mis poetas favoritos.
Conocí la poesía de Uriel Martínez
hace un par de años en la feria del libro del zócalo. En el stand de la
librería "Voces en tinta" encontré el libro “La
noche de Hugo y otros poemas”, me llamó la atención su tamaño y su
color, lo abrí y encontré este verso:
Boca de cristal de dura roca,
voz que escurre lava,
que incendia y apaga
tallos; hilo de agua
que baja a la fuente
del ombligo.
Al leerlo, ahí, en ese momento, se
desataron los mecanismos de amor hacia la poesía de Uriel. Devoré el libro y
luego fui descubriendo los otros libros, al poeta que publica inéditos en su
blog, que comparte y difunde poetas de tantas latitudes. Para mí fue un golpe
de suerte descubrirlo y conocerlo. No puedo sino agradecer toda la generosidad
y toda la maravilla que ha compartido para nutrir a la palabra feroz, mi
proyecto de difusión de literatura y poesía, así como a mi biblioteca personal.
Algo que admiro de la poesía de
Uriel es que se nota el camino por donde viene. Su poesía se inscribe en una
larga lista de poetas que dialogan con la muerte y la nostalgia. Con los
espacios que quedan vacíos. Este es un diálogo sumamente mexicano, que viene de
una larguísima tradición desde el rey poeta Nezahualcóyotl, pasa por los
románticos del Siglo XIX, pasa por José Gorostiza, pero en particular, pasa y
se encuentra con uno de mis favoritos: la poesía de Xavier Villaurrutia.
También se encuentra un diálogo
con un Kavafis, a quien Uriel reconoce como su hermano mayor.
Hay primero una capa
superficial, muy terrenal, muy de los hechos simples y cotidianos: compartir
galletas con una perra, comer una hamburguesa, mirar la tarde, enumerar las
cosas que están en la casa. Pero está la otra parte, debajo de esos hechos
simples y cotidianos está la poesía y un acercamiento metafísico a la palabra.
En cada uno de los poemas está la nostalgia: en la enumeración de las cosas que
están en la casa, también están las cosas que no están, que ya no están o que
nunca estuvieron, cada una con su propia dimensión y su propia marca. Hay
además eso que no se puede definir, que salta encima de uno, que conecta al
poema con el lector: leer los poemas de Lubricantes es maravillarse y darse un
golpe en la cara simultáneamente.
En Lubricantes hay
ausencias. Hay lugares vacíos. Hay también una soledad desde donde el poeta
escribe y con la que se ve que tiene una buena relación.
El libro se divide en siete
secciones y hablaré de dos de ellas:
La tercera sección, “Fukushima”,
es una pausa para pensar en la muerte, en lo que no se espera, en lo súbito: en
la mirada de quien sabe que el tiempo es finito y que lo que quedará serán
cenizas o fotografías viejas o la electricidad ocupando el espacio cuando ya no
hay quien apague la luz. Esta sección tan breve además me sorprende y me
conmueve. Al vivir en esta sísmica Ciudad de México y saberse tan indefenso
ante los movimientos de la tierra, es inevitable la empatía con la gente de
Japón y su terremoto y tsunami del 2011.
Mi favorita es la primera
sección, “Noche no te vayas” – en ella está toda la desolación, las palabras
para nombrar derrotas y ausencias. En esta sección Uriel escribe de “algo” que no vuelve: el tiempo, un
amante, la alegría, incluso escribe de uno mismo al volver a casa y ya no
reconocerse, uno sale de casa y no vuelve el mismo, escribe de aquellas palabras
que no se usan más. Hago trampa y haré referencia a lo que Uriel mencionó hace
un par de días hablando de Lubricantes, dice que hay palabras
que vuelven, de no se sabe que rincón de la memoria y lo obligan a escribir un
texto. – Poema La aldaba -
En el resto
de Lubricantes
están los poemas para hablar del nombre y del deseo. Pronunciar u olvidar cómo
hacerlo para hablar del deseo y sus misterios, también para hablar de los
muertos y la muerte. De cómo algunos muertos, física o metafísicamente
hablando, acompañan las ausencias. Nos encontraremos con la esperanza de que
algo suceda, que alguien vuelva, que el viento devuelva las cosas a su lugar.
Sabemos que nada será igual: hay enfermedades, fracturas y palabras que no se
puede dar marcha atrás, un peregrino que no pertenece al lugar al que llega, al
que se le acaba el tiempo y que busca huir de la muerte. De nuevo la muerte
rondando los textos. Encontramos que la vida continúa con o sin nosotros.
Encontramos historias para hablar de la furia desbordada, de la posibilidad de
la reconciliación, de pensar en el tiempo que avanzará, la complicidad entre
extraños – Poema: durante mucho tiempo -
La poesía de Uriel Martínez, y
en particular la que publica en Lubricantes, es una poesía "urgida
de precipicio".
Gracias.
14
abril, 2018. Museo del Estanquillo, Ciudad de México

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