Marco Antonio Montes de Oca (1932/2009 )
De ahora para nunca
Aquí en mi morada cada rama es una aguja de música.
El huracán fatigado revolotea en la divinidad inmóvil,
todo se llama amapola aunque no se mezcla ni sea roja;
pero el diamante ya no tiene ganas de llorar y el fuego se despluma.
Dios quiera que nadie descomponga esta relojería de cien mil almas.
¡Yo solito he sobrevivido con el soberano latido de mis puños!
Yo sólo he dicho lo que sabe solamente el aire.
Yo conozco la carne viva de la muerte.
¡Por eso lloro tanto granizo!
Por eso habitas tanto con un suspiro.
NADIE RECONOCE NUESTRAS NEBULOSAS DE RESINA
y llegaremos despacio, pero cantando a más no poder.
Llegaremos cantando sin saber de qué color es nuestro país,
ni nuestro dolor, ni el tamaño de las discordias y reconciliaciones
de la carne.
("al pial de la palabra")
Aquí en mi morada cada rama es una aguja de música.
El huracán fatigado revolotea en la divinidad inmóvil,
todo se llama amapola aunque no se mezcla ni sea roja;
pero el diamante ya no tiene ganas de llorar y el fuego se despluma.
Dios quiera que nadie descomponga esta relojería de cien mil almas.
¡Yo solito he sobrevivido con el soberano latido de mis puños!
Yo sólo he dicho lo que sabe solamente el aire.
Yo conozco la carne viva de la muerte.
¡Por eso lloro tanto granizo!
Por eso habitas tanto con un suspiro.
NADIE RECONOCE NUESTRAS NEBULOSAS DE RESINA
y llegaremos despacio, pero cantando a más no poder.
Llegaremos cantando sin saber de qué color es nuestro país,
ni nuestro dolor, ni el tamaño de las discordias y reconciliaciones
de la carne.
("al pial de la palabra")
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