Marià Manent (1898/ 1988)
La tumba de Rilke
(Barogne, Valais)
Descansas al final
del cementerio, sobre la roca oscura,
con la hiedra de montaña, que no teme
la escarcha de febrero. Tienes una cruz muy tosca,
de huesa de pastores y labriegos,
y ciñe tu recinto una piedra carcomida
como las arcas de novia. Nieves y soles
han vuelto gris la cruz, del color de la niebla.
Pero en tu tumba hay un dejo de orgullo:
un escudo cincelado, algo de fábula
de la Austria antigua, coronando el burgo
solitario y extremo de tu palabra.
Aquí descansa la frente que se inclinó a menudo
al silencio y la sombra;
y cuando el viento de los Apes barre la nieve
sobre la hierba muerta, los campesinos, de vuelta
de las viñas, donde tienen las cepas forma de lira,
no saben que se ocultan bajo la cruz el azul
y el miedo de tus ojos de niño, y que suspira
la hiedra sobre tu corazón que ignoraba la paz.
(fuente: "la mirada del lobo", traducción de José Muñoz Millanes)
(Barogne, Valais)
Descansas al final
del cementerio, sobre la roca oscura,
con la hiedra de montaña, que no teme
la escarcha de febrero. Tienes una cruz muy tosca,
de huesa de pastores y labriegos,
y ciñe tu recinto una piedra carcomida
como las arcas de novia. Nieves y soles
han vuelto gris la cruz, del color de la niebla.
Pero en tu tumba hay un dejo de orgullo:
un escudo cincelado, algo de fábula
de la Austria antigua, coronando el burgo
solitario y extremo de tu palabra.
Aquí descansa la frente que se inclinó a menudo
al silencio y la sombra;
y cuando el viento de los Apes barre la nieve
sobre la hierba muerta, los campesinos, de vuelta
de las viñas, donde tienen las cepas forma de lira,
no saben que se ocultan bajo la cruz el azul
y el miedo de tus ojos de niño, y que suspira
la hiedra sobre tu corazón que ignoraba la paz.
(fuente: "la mirada del lobo", traducción de José Muñoz Millanes)
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