´´Terrorismo cibernético´´
Distrito Federal- La muerte del secretario de Gobernación, Francisco Blake Mora, del subsecretario Felipe Zamora y de otros funcionarios más, incluyendo un miembro del Estado Mayor y la tripulación militar del helicóptero Superpuma con veinticuatro años de servicio –en uno igual viajó el Papa Juan Pablo II durante su visita a México en 1990–, se inscribe dentro del cúmulo de sospechas que ya hacen enciclopedia, si bien del terror, a lo largo de la administración federal encabezada por Felipe Calderón. Lo mismo que ocurrió con las tragedias de Ramón Martín Huerta, en 2005, y Juan Camilo Mouriño, en 2008: todo “apunta” hacia un “accidente” –el primero en querer cerrar el expediente fue el propio “primer mandatario”–, pero todos sospechan que no fue así.
Precisamente la premura con la que Calderón se precipitó a mencionar a la “nubosidad” como probable causa de la tragedia, cuando ésta se apreciaba en niveles muy bajos y por ende a menor altura de la que el aparato debía volar luego de diez minutos de ascender desde el Campo Marte con rumbo a Cuernavaca –tal y como reveló el secretario de Comunicaciones, Dionisio Pérez Jácome–, obliga a repasar las líneas presidenciales que, presurosas, si bien sin descartar diligencias posteriores para disipar las sospechas o incrementarlas como sucedió en los casos anteriores, descartaron, precipitadamente y acaso con temor, la hipótesis de un atentado a pesar de que distintas condiciones señalasen lo contrario.
Una de ellas, repito, fue el propio discurso presidencial. Dos horas antes del mismo, la vocera gubernamental Alejandra Sota, expresó, conmovida:
“Por respeto a las víctimas, sus familiares, el gobierno federal agradecerá a la opinión pública que sean las investigaciones correspondientes por las autoridades las que clarifiquen estos lamentables hechos. Será la Secretaría de Comunicaciones y Transportes la responsable de concentrar la información y comunicarla a la opinión pública conforme exista mayor información”.
Tales fueron sus palabras textuales. ¿Cómo entonces, a las 2 de la tarde con 40 minutos del viernes 11 de noviembre, cuando los cuerpos de las víctimas estaban aún en el lugar de la tragedia, en el cerro del rancho San Miguel de Chalco, pudo el jefe del Ejecutivo federal apurar una versión destinada a erradicar las múltiples interrogantes que ya surgían sobre la posibilidad de un atentado? ¡Ni siquiera, insisto, se habían iniciado las pesquisas y la “nubosidad” era culpable
No es la primera vez que la derecha actúa de la misma manera. Incluso, cuando el célebre “Maquío” Clouthier fue víctima, en septiembre de 1989 –esto es un poco más de un año después de haber terminado su ornada como candidato presidencial–, de un artero “accidente” carreteril, quien salió a desmentir cualquier teoría de una conjura consumada, cuando existían pruebas a mares en este sentido, fue el entonces vocero e ideólogo panista, Carlos Castillo Peraza, mentor y forjador de Calderón. Es una vergüenza que ni siquiera quienes surgieron a la vera del gran sinaloense hayan sido capaces de iniciar nuevas indagatorias en torno a este suceso cuando familiares y amigos de la víctima mantienen explicables y severas dudas más que razonables. –”2012: La Sucesión”–.
Lo más extraño en torno a la muerte de Blake, quien sorprendió a todos con su nombramiento y jamás fue presidenciable ante sus evidentes límites políticos, fueron algunos comentarios filtrados por las llamadas “redes sociales”... diecisiete horas antes del deceso, esto es en la noche del jueves 10 y con evidente apego ala cronología fatal:
“Mañana a las 11/11 les caerá un secretario del cielo... evite reforma”. Tal escribió en twitter el usuario @morf0 –esto es “amorfo”, sin forma, en una crecida impresionante de lo que ya es, sin duda, el terrorismo cibernético, en franca fase de terror para iniciar el arranque del proceso sucesorio–. Basta releer el contenido para estar convencidos de que no se trata de una simple coincidencia aunque el aparato no cayera sobre Reforma, como ocurrió con el Lear Jet de Mouriño, ni el accidente ocurriera a las once, sino al cinco para las nueve de la mañana... aunque el lugar del drama fuera localizado hasta las once... con quince minutos. Es obvio, entonces, que como suelen hacer los anarquistas, no fue una premonición sino un aviso que se cumplió en su parte fundamental.
¿Por qué entonces la preocupación presidencial para acelerar el trámite aunque ordenase una “investigación exhaustiva” acaso para cubrirse? Dos secretarios de Gobernación murieron en similitud de circunstancias en este sexenio; y uno más, el de Seguridad Pública, pereció en el penúltimo año de gestión de los Fox. Son muchos para hablar de coincidencias.
(editorial de Carlos Loret de Mola, reproducida del Diario de Juárez.)
Precisamente la premura con la que Calderón se precipitó a mencionar a la “nubosidad” como probable causa de la tragedia, cuando ésta se apreciaba en niveles muy bajos y por ende a menor altura de la que el aparato debía volar luego de diez minutos de ascender desde el Campo Marte con rumbo a Cuernavaca –tal y como reveló el secretario de Comunicaciones, Dionisio Pérez Jácome–, obliga a repasar las líneas presidenciales que, presurosas, si bien sin descartar diligencias posteriores para disipar las sospechas o incrementarlas como sucedió en los casos anteriores, descartaron, precipitadamente y acaso con temor, la hipótesis de un atentado a pesar de que distintas condiciones señalasen lo contrario.
Una de ellas, repito, fue el propio discurso presidencial. Dos horas antes del mismo, la vocera gubernamental Alejandra Sota, expresó, conmovida:
“Por respeto a las víctimas, sus familiares, el gobierno federal agradecerá a la opinión pública que sean las investigaciones correspondientes por las autoridades las que clarifiquen estos lamentables hechos. Será la Secretaría de Comunicaciones y Transportes la responsable de concentrar la información y comunicarla a la opinión pública conforme exista mayor información”.
Tales fueron sus palabras textuales. ¿Cómo entonces, a las 2 de la tarde con 40 minutos del viernes 11 de noviembre, cuando los cuerpos de las víctimas estaban aún en el lugar de la tragedia, en el cerro del rancho San Miguel de Chalco, pudo el jefe del Ejecutivo federal apurar una versión destinada a erradicar las múltiples interrogantes que ya surgían sobre la posibilidad de un atentado? ¡Ni siquiera, insisto, se habían iniciado las pesquisas y la “nubosidad” era culpable
No es la primera vez que la derecha actúa de la misma manera. Incluso, cuando el célebre “Maquío” Clouthier fue víctima, en septiembre de 1989 –esto es un poco más de un año después de haber terminado su ornada como candidato presidencial–, de un artero “accidente” carreteril, quien salió a desmentir cualquier teoría de una conjura consumada, cuando existían pruebas a mares en este sentido, fue el entonces vocero e ideólogo panista, Carlos Castillo Peraza, mentor y forjador de Calderón. Es una vergüenza que ni siquiera quienes surgieron a la vera del gran sinaloense hayan sido capaces de iniciar nuevas indagatorias en torno a este suceso cuando familiares y amigos de la víctima mantienen explicables y severas dudas más que razonables. –”2012: La Sucesión”–.
Lo más extraño en torno a la muerte de Blake, quien sorprendió a todos con su nombramiento y jamás fue presidenciable ante sus evidentes límites políticos, fueron algunos comentarios filtrados por las llamadas “redes sociales”... diecisiete horas antes del deceso, esto es en la noche del jueves 10 y con evidente apego ala cronología fatal:
“Mañana a las 11/11 les caerá un secretario del cielo... evite reforma”. Tal escribió en twitter el usuario @morf0 –esto es “amorfo”, sin forma, en una crecida impresionante de lo que ya es, sin duda, el terrorismo cibernético, en franca fase de terror para iniciar el arranque del proceso sucesorio–. Basta releer el contenido para estar convencidos de que no se trata de una simple coincidencia aunque el aparato no cayera sobre Reforma, como ocurrió con el Lear Jet de Mouriño, ni el accidente ocurriera a las once, sino al cinco para las nueve de la mañana... aunque el lugar del drama fuera localizado hasta las once... con quince minutos. Es obvio, entonces, que como suelen hacer los anarquistas, no fue una premonición sino un aviso que se cumplió en su parte fundamental.
¿Por qué entonces la preocupación presidencial para acelerar el trámite aunque ordenase una “investigación exhaustiva” acaso para cubrirse? Dos secretarios de Gobernación murieron en similitud de circunstancias en este sexenio; y uno más, el de Seguridad Pública, pereció en el penúltimo año de gestión de los Fox. Son muchos para hablar de coincidencias.
(editorial de Carlos Loret de Mola, reproducida del Diario de Juárez.)
Comentarios