Günter Grass (1927)

Erecciones sin gobierno

A medias apretándome con intención y a medias empujado, me situaba entre chicas jóvenes o me veía metido entre mujeres adultas. Y, cuando no estaba encajado entre ellas, mis pantalones rozaban sin embargo ropa femenina. Con cada parada, cada arrancada del tranvía, se acercaban tela y tela, alzadas para agarrarse tela y tela, carne y carne bajo la tela.
   Todavía amortiguaban abrigos de inviernos y chaquetas guateadas, pero con la primavera se frotaron tejidos más finos. Rodilla contra rodilla. Antebrazos desnudos, las manos, alzadas para agarrarse, se acercaban demasiado.
   No es de extrañar que mi pene, de todas maneras independiente y además fácilmente excitable, se volviera semirrígido o rígido durante el trayecto de media hora hasta el lugar de trabajo. Escasamente aliviado por el cambio de tranvía, hacía que mis pantalones resultaran estrechos. Ni siquiera mediante una intensa fuga de pensamientos provocada se lo podía adormecer. Saciado yo por la sopa de sémola con leche matutina, la otra hambre me corroía ahora impertinente.


(texto tomado de Pelando la cebolla, ed. Alfaguara, México, 2007. Traducción de Miguel Sáenz, con la colaboración de Grita Loebsack.)

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