JULIO RAMÓN RIBEYRO (1929- 1994)
La tentación del fracaso
Ayer con el embajador dejamos una corona de flores en la tumba de
Vallejo. Esta tarde dejaré con mis amigos poetas palabras y poemas.
¿Qué sentido tienen estos homenajes? Probablemente ninguno. El propio
Vallejo miraría estas ceremonias con sarcasmo. Honrar a los propios
muertos forma parte de una vieja tradición. Tradición que en nuestra
época ya no tiene sentido, pues se da fuera de su contexto cultural:
religioso, mágico, mítico. Lo sigo pensando en quienes iremos, todos
incrédulos, todos escépticos. Pero esto se presta a confusiones. Por
un lado están los restos materiales, las reliquias y símbolos (la tumba,
los huesos o el polvo del homenajeado), por otro su memoria, el respeto
o admiración por él mismo. Una y otra cosa nada tienen que ver. Yo
sigo reverenciando a mi padre, pero soy incapaz de ir a visitar su tumba.
Mi reverencia se da en un plano que no requiere de signos ostentatorios.
Él está presente en mí en otras formas. En resumen, no dejar otra cosa
que obras o memoria, para evitar peregrinaciones. Si alguien quiere
honrarme cuando desaparezca que me lea o me comente. Nada de flores
o discursos delante de lo que no existe.
(texto tomado de Premio de literatura Latinoamericana y del Caribe
Juan Rulfo, ed. Universidad de Guadalajara/ Alfaguara, México, 2006)
Ayer con el embajador dejamos una corona de flores en la tumba de
Vallejo. Esta tarde dejaré con mis amigos poetas palabras y poemas.
¿Qué sentido tienen estos homenajes? Probablemente ninguno. El propio
Vallejo miraría estas ceremonias con sarcasmo. Honrar a los propios
muertos forma parte de una vieja tradición. Tradición que en nuestra
época ya no tiene sentido, pues se da fuera de su contexto cultural:
religioso, mágico, mítico. Lo sigo pensando en quienes iremos, todos
incrédulos, todos escépticos. Pero esto se presta a confusiones. Por
un lado están los restos materiales, las reliquias y símbolos (la tumba,
los huesos o el polvo del homenajeado), por otro su memoria, el respeto
o admiración por él mismo. Una y otra cosa nada tienen que ver. Yo
sigo reverenciando a mi padre, pero soy incapaz de ir a visitar su tumba.
Mi reverencia se da en un plano que no requiere de signos ostentatorios.
Él está presente en mí en otras formas. En resumen, no dejar otra cosa
que obras o memoria, para evitar peregrinaciones. Si alguien quiere
honrarme cuando desaparezca que me lea o me comente. Nada de flores
o discursos delante de lo que no existe.
(texto tomado de Premio de literatura Latinoamericana y del Caribe
Juan Rulfo, ed. Universidad de Guadalajara/ Alfaguara, México, 2006)
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