sin palomas mensajeras
El martes de semana santa, día laborable en oficinas federales, llevé un paquete lacrado con tres libros formato de bolsillo al Servicio Postal Mexicano, con destino a la ciudad de Durango donde aún tengo amigos que tienen la costumbre de leer literatura. Pasaron tres semanas -o sea 21 días- y el destinatario me envió un e-mail para preguntarme qué pasaba con el envío pues me había hecho el depósito antes de recibirlos.
El resto fue un ir y volver, un marcar y remarcar a Sepomex, entrevistas con el administrador F. de Alba y llamadas, de parte de él, a Durango. En síntesis, el cartero había entregado el paquete en las primeras horas de la semana de Pascua en Durango. Era su palabra contra la palabra de Fernando, mi amigo de años y lector de Wilde y otros poetas de países distintos.
Entiendo que el servicio de mensajería ya dejó atrás a las palomas como vehículo de comunicación, que se ha estudiado que estas aves, símbolo de paz en tiempos de Olimpiadas, son dañinas a la arquitectura de cantera y a estilos que cuajaron en Barroco, Neoclásico, Churrigueresco, Gótico, etcétera. Incluso se combaten con aves propias de la cetrería en ciudades del viejo Continente.
Pero mi envío no llegó a su destino y no veo cómo mi cliente y amigo recuperará su inversión o cómo el que habla podrá invocar a las fuerzas sobrenaturales para que me sea devuelto un paquete que encierra la sabiduría de tres plumas. ¿A quién recurrir entonces para resarcir la pérdida primero de los libros, el costo del porte y, no sé aún, a un amigo que empieza a desconfiar no del servicio postal, sino de mí?
El resto fue un ir y volver, un marcar y remarcar a Sepomex, entrevistas con el administrador F. de Alba y llamadas, de parte de él, a Durango. En síntesis, el cartero había entregado el paquete en las primeras horas de la semana de Pascua en Durango. Era su palabra contra la palabra de Fernando, mi amigo de años y lector de Wilde y otros poetas de países distintos.
Entiendo que el servicio de mensajería ya dejó atrás a las palomas como vehículo de comunicación, que se ha estudiado que estas aves, símbolo de paz en tiempos de Olimpiadas, son dañinas a la arquitectura de cantera y a estilos que cuajaron en Barroco, Neoclásico, Churrigueresco, Gótico, etcétera. Incluso se combaten con aves propias de la cetrería en ciudades del viejo Continente.
Pero mi envío no llegó a su destino y no veo cómo mi cliente y amigo recuperará su inversión o cómo el que habla podrá invocar a las fuerzas sobrenaturales para que me sea devuelto un paquete que encierra la sabiduría de tres plumas. ¿A quién recurrir entonces para resarcir la pérdida primero de los libros, el costo del porte y, no sé aún, a un amigo que empieza a desconfiar no del servicio postal, sino de mí?
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