LOS FORASTEROS
También los forasteros, como nosotros,
llegan cansados: beben al hilo
dos vasos de agua.
Ya agotada, agradecidos
con los anfitriones, muestran la ristra
de dientes deslumbrante.
No revelan de donde vienen, pero
el perfil los exhibe temerarios
ante lo desconocido de nuestra sed.
Cuando duermen, recién llegados,
se funden con la hojarasca,
confundida con ellos en el reposo.
Sin ellos saberlo, recuperan
inconscientes una inocencia
que sólo llevan consigo los viajeros.
Su calzado los delata porque
éste es un cofre y un mapa
de su necesidad de estar/ de ir
a otra parte.
Cada noche sueñan que descienden,
callados, en un esfuerzo sobrehumano,
al fondo desconocido de otros mares,
de nuevos puertos.
Cuando amanece, peregrinos que jamás
dejan de serlo, se despiden
y prometen el regreso. Aunque nunca sabremos.
llegan cansados: beben al hilo
dos vasos de agua.
Ya agotada, agradecidos
con los anfitriones, muestran la ristra
de dientes deslumbrante.
No revelan de donde vienen, pero
el perfil los exhibe temerarios
ante lo desconocido de nuestra sed.
Cuando duermen, recién llegados,
se funden con la hojarasca,
confundida con ellos en el reposo.
Sin ellos saberlo, recuperan
inconscientes una inocencia
que sólo llevan consigo los viajeros.
Su calzado los delata porque
éste es un cofre y un mapa
de su necesidad de estar/ de ir
a otra parte.
Cada noche sueñan que descienden,
callados, en un esfuerzo sobrehumano,
al fondo desconocido de otros mares,
de nuevos puertos.
Cuando amanece, peregrinos que jamás
dejan de serlo, se despiden
y prometen el regreso. Aunque nunca sabremos.
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