Juan Carlos Mestre (1957 )

Los grandes transparentes



El ocho de febrero del sesenta y nueve los adoquines de París
tomaron un tren hacia el castillo mitológico de la Enciclopedia de los Filos.
Al día siguiente llegaron a Stratford
donde había nacido Shakespeare en mil quinientos 64.
Se dirigieron a la oficina de comunicados que se van al garete
y ya en la oficina tomaron café soluble.
Aunque el derecho a soñar había encendido su incineradora
y el filósofo del sufrimiento recogido sus contradicciones íntimas
igual la noche se extendió sobre los desconsolados.
Parece claro que la síntesis de los acontecimientos
había convenido un acuerdo de mínimos
entre los castigados y la prohibición del castigo
lo que equivale a decir que todo permanecería igual
en la república de los imaginarios y grandes transparentes.
A lo que vemos y a cuanto por imperceptible
es la cobardía de la verdad delante de nuestras narices
le llamamos aburrimiento, una presencia embarazada
por otra presencia semejante a otra presencia. Punto y aparte.
El ocho de febrero del sesenta y nueve el hermano encarcelado
sale de la cárcel como quien abandona sin pagar un hotel.
Lo imposible es por completo inútil
mas lo contraproducente sería entregarse a la unanimidad
de las hormigas socializadas por el azucarillo del tranquilízate.
Durante aquel día y las sucesivas noches de los años siguientes
las estratagemas líricas tendentes al consuelo acuñaron su asombro
hasta dejar las estrellas huecas. Queda la duda
sobre si lo que pretenden decir estas palabras afecta a André Breton
entrando como una niña antigua en la carnicería de los cisnes.


("trianarts")

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