Rocío González (1962/2019 )
Neurología 211
En la sala de recuperación hay seis o siete pacientes con quienes comparto cuidados, todos duermen agotados después de sus operaciones, la insensata soy yo, ilógica y despierta hago rabiar a la rabiosa enfermera con la que me corresponde pasar este trance; cada cinco minutos el medidor de la presión aprieta mi brazo en forma automática y luego ella viene a medir mi glucosa, a iluminar los iris de mis ojos, a tomar mi pulso: tengo, sed quiero dormir, no me dejan soñar y hago ejercicios de memoria para probar mi lucidez o mi estulticia, canto en mis adentros porque puedo asustar a los enfermos, también porque tengo un respirador artificial que me lo impide. Mis venas todavía inundadas de anestesia juegan con mis pensamientos y floto mientras estoy entera y repito un mantra durante horas, es todo lo que puedo hacer para no dormir, entre memoria y voluntad, y ese deslizarse denso y sensual que me quita la respiración, se activa una alarma, me sacuden, no te entregues, alerta. La rabiosa enfermera se esfuerza en no gritarme.
("neurología 211"), trilce ediciones, mèx. 2013)

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