Joseph Brodsky (1940/1996 )
Querida amiga, hoy me fui al atardecer
a respirar el aire fresco que sopla del mar.
El ocaso se extinguía abanicado sobre el paisaje
y las nubes arriba semejaban la tapa de un piano.
Recuerdo que hace muchos años solías divertirte
conmigo,
te gustaba dibujar en tu libreta, a veces cantabas
y tu gran pasión eran las frutas y los dátiles; pero luego
encontraste un ingeniero químico
y, a juzgar por tus cartas, te volviste monstruosamente
tonta.
Ahora te han visto en las iglesias de provincia
y en las de la ciudad
asistiendo a las exequias de amigos comunes que se
han ido sin interrupción
uno tras otro; y me alegra saber que no hay distancia
más absurda, que la que existe entre tú y yo.
No me entiendas mal: aunque te recuerdo
ya nada me une a tu voz, a tu nombre, a tu cuerpo.
Para olvidar una vida hace falta, como mínimo,
vivir una vida más. Es exactamente lo que me ha
sucedido.
Pero has tenido suerte: aún conservo las fotografías
en donde siempre te verás joven, sin arrugas, alegre,
burlona.
Acaso el tiempo, al tropezar con la memoria, reconozca
su acción inicua.
Mientras tanto, yo fumo en la oscuridad y aspiro la
putridez de la marea.
("el instante maravilloso, poesía rusa del siglo xx", unam, méxico, 2004, trad. jorge bustamante garcía)
a respirar el aire fresco que sopla del mar.
El ocaso se extinguía abanicado sobre el paisaje
y las nubes arriba semejaban la tapa de un piano.
Recuerdo que hace muchos años solías divertirte
conmigo,
te gustaba dibujar en tu libreta, a veces cantabas
y tu gran pasión eran las frutas y los dátiles; pero luego
encontraste un ingeniero químico
y, a juzgar por tus cartas, te volviste monstruosamente
tonta.
Ahora te han visto en las iglesias de provincia
y en las de la ciudad
asistiendo a las exequias de amigos comunes que se
han ido sin interrupción
uno tras otro; y me alegra saber que no hay distancia
más absurda, que la que existe entre tú y yo.
No me entiendas mal: aunque te recuerdo
ya nada me une a tu voz, a tu nombre, a tu cuerpo.
Para olvidar una vida hace falta, como mínimo,
vivir una vida más. Es exactamente lo que me ha
sucedido.
Pero has tenido suerte: aún conservo las fotografías
en donde siempre te verás joven, sin arrugas, alegre,
burlona.
Acaso el tiempo, al tropezar con la memoria, reconozca
su acción inicua.
Mientras tanto, yo fumo en la oscuridad y aspiro la
putridez de la marea.
("el instante maravilloso, poesía rusa del siglo xx", unam, méxico, 2004, trad. jorge bustamante garcía)
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