C. K. Williams (1936/2015 )
Medusa
Una vez, en Rotterdam, una puta, en un bar, en un bar de marineros,
[un antro de putas,
abrió las piernas
—sus piernas, dios mío, gordas como troncos—, se levantó la falda
[y comenzó a acariciarse,
comenzó a acariciarse con ambas manos,
allí, justo allí, como si hubiese habido allí otra cosa, como si esa
[otra cosa fuese algo
que por casualidad ella tuviera allí, algo que ella quería
[que yo viese.
Yo apenas tenía veinte años, andaba buscando una muchacha,
[a la muchacha, así
como todos, siempre,
andamos en pos de una muchacha, y la mujer se reclinó allí,
[sobándose el coño con ambas manos, hablándole;
le preguntó si me quería, y luego, muerta de risa, me preguntó
[si yo lo quería,
mientras mi virginidad,
ese temor que tanto había luchado por perder, piedra a piedra
[se levantaba nuevamente
dentro de mí, como un muro.
("el cultural", la razón, méx., trad. rafael vargas)
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