LA VOZ DE DOGVILLE
DON RUFIS
La primera vez que vi a Mirtila luego de ya estar instalada en Vancouver le pregunté qué extrañaba más de Dogville. Me respondió que el carrito de propaganda de Rufis Taylor. Me extrañó tanto su respuesta que no daba crédito a su confesión. Más tarde me percaté que era su nostalgia de ella por el terruño.
En otra ocasión y en otro momento, le pregunté al escritor Severino Salazar qué era lo que procuraba degustar cuando venía a Dogville, me respondió que las banderillas que consigue afuera de la tienda de muebles Elektra, en la calle Hidalgo, con una ñora que la veo instalada en las tardes con campechanas y otros panes benditos, como los de López Velarde.
En una tercera ocasión, le pregunté a Pedro Valtierra, el fotógrafo, qué era lo primero que probaba al llegar a su rancho bicicletero (Dogville); y claro y directo me respondió que las tortas de chorizo que expenden en el pasaje ubicado frente a la oficina de Correos, calle Allende, Centro Histórico.
No quiero salir muy noche a caminar o vagar en el primer cuadro de la ciudad: ya no escucharé más la propaganda de Don Rufis que anunciaba las funciones de Lucha Libre ni los conciertos de Tania Libertad en el teatro Calderón. Así se va la noche. Así desaparece el rostro antiguo de una ciudad amenazada.
La primera vez que vi a Mirtila luego de ya estar instalada en Vancouver le pregunté qué extrañaba más de Dogville. Me respondió que el carrito de propaganda de Rufis Taylor. Me extrañó tanto su respuesta que no daba crédito a su confesión. Más tarde me percaté que era su nostalgia de ella por el terruño.
En otra ocasión y en otro momento, le pregunté al escritor Severino Salazar qué era lo que procuraba degustar cuando venía a Dogville, me respondió que las banderillas que consigue afuera de la tienda de muebles Elektra, en la calle Hidalgo, con una ñora que la veo instalada en las tardes con campechanas y otros panes benditos, como los de López Velarde.
En una tercera ocasión, le pregunté a Pedro Valtierra, el fotógrafo, qué era lo primero que probaba al llegar a su rancho bicicletero (Dogville); y claro y directo me respondió que las tortas de chorizo que expenden en el pasaje ubicado frente a la oficina de Correos, calle Allende, Centro Histórico.
No quiero salir muy noche a caminar o vagar en el primer cuadro de la ciudad: ya no escucharé más la propaganda de Don Rufis que anunciaba las funciones de Lucha Libre ni los conciertos de Tania Libertad en el teatro Calderón. Así se va la noche. Así desaparece el rostro antiguo de una ciudad amenazada.
https://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=HkFcf19Fqek
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