María Aveiga del Pino (1964 )

En la banca de un parque
con una estaca en la nuca
las manos sujetas
al desmoronado espacio
estaba sentado como hilo sucio
colgado de una cruz.
Sin saber a quién recurrir
miró al cielo
pero una súplica igual
se estrelló en sus ojos.
Y tanto él como Dios
sonrieron con torpeza.


(texto tomado de Antología de la poesía ecuatoriana contemporánea, de César Dávila Andrade a nuestros días,  colección El Desfiladero, selección y presentación de Xavier Oquendo Troncoso, La Cabra ediciones y Casa de la Cultura Ecuatoriana, 2011.)