Il poveretto (4)

Era casi de madrugada
cuando decidió tenderse de cara
al cielo. Una vieja dolencia
hepática lo hizo arrebujarse
como garabato. Fue cuando
escuchó que le chistaban,
era una serpiente con grecas
doradas, rombos plateados
y colmillos perfectos.
Pide tres deseos le dijo
la vestida de tentación
y cascabeles como liras.
Déjame descansar que en la mañana
me desplazo varios kilómetros
de aquí, ¿quieres?
Te quedan dos, te escucho, le respondió
el reptil de ojos egipcios
y aliento Chanel número 5.
Dime si eres sólo una ilusión
propia de mi cansancio.
No lo soy. Te resta uno.
Dime por donde seguir sin que nunca
me encuentres.

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