MALOVA Y EL NARCOARTE

En 2004 (el pintor) Gilberto Terrazas Gaxiola sostiene que el dinero del narcotráfico provoca el crecimiento en el mercado del arte en Sinaloa y “puede llegar a venderse a precios exorbitantes”. Y se pregunta: “¿Podríamos en la actualidad hablar ya de un concepto llamado ‘narcoarte’?” En México no tenemos elementos suficientes, como en Colombia o Brasil, para contestar afirmativamente a Terrazas. Pero la evolución de esta actividad criminal parece inclinarse hacia allá, o al menos eso sugieren las declaraciones recientes de la legisladora sinaloense Yudit del Rincón en el sentido de que el tráfico de drogas se mueve a base de grandes empresas atendidas por profesionales. “Son empresarios del año, encabezan causas sociales y fundaciones de ayuda para camuflarse y esconderse en una imagen de buen ciudadano, empresario, y desafortunadamente, también de político”.
En algún momento, y fue duramente refutado en su momento, el crítico colombiano Oswaldo Agudelo aseguró que en Tijuana el narcotráfico se ha encargado de “inflar” los precios de las obras de arte: “Manda construir mansiones desde Tijuana, Rosarito hasta la Paz… se detona un boom en la adquisición de supuestas obras de arte, [por lo que] los artistas locales han encontrado un nicho perfecto”. Al respecto, la artista mexicana Katnira Bello me dice que a los narcos de México les encanta la arquitectura, mansiones como minicatedrales o palacios de Disney, pero no el arte: “El boom en Tijuana se le debe al narco pero no por los mecenas o compradores; sino porque, al convertir estas zonas en focos de violencia, insólitamente transformaron la escena artística del norte en bastión de resistencia que se convirtió —muy pronto— en meca turística para curadores y artistas de distintas zonas. Ser artista de Tijuana significa ser aguerrido, contracultural y de moda... muchas veces independientemente de las propuestas”.

Brasil, 2006

Ese año la policía decide exponer al público 195 obras, decomisadas en 2003, de artistas del modernismo brasileño en el Museo de la República de Brasilia, inaugurado en 2006. Eran de un grupo internacional de traficantes de droga. La decisión, explica el perito criminal Sergio Alan López, surge al considerar que “si esas obras quedaran en custodia con la Policía Federal estarían tal vez décadas sin poder ser estudiadas por el público. Los que deben quedar presos son los criminales, nosotros queríamos que fueran expuestas”. Se compra arte, pues, para lavar dinero. Obvio. Pero con el decomiso artistas brasileños como Cándido Portinari, Anita Malfatti y Milton Dacosta pueden ser expuestos. Su obra costó muchos millones más de su valor real. ¿Acciones como ésta, pueden inflar los precios del mercado del arte?

Colombia 2004

En los años ochenta hubo hasta 20 mil obras confiscadas por el Consejo Nacional de Estupefacientes. Ahí se encontraban cuadros de Rubens, dos de ellos pertenecientes al conocido Rasguño (Luis H. Gómez Bustamante), algunos de Picasso adquiridos por el capo Pablo Escobar —a quien solían engañar con copias—, y muchos boteros. Virginia Vallejo, ex amante de Escobar, periodista de televisión que no obstante esa relación conservó la credibilidad profesional, publicó información delicada en una columna titulada “Las picardías de Fernando Botero y familia” (http://www.virginiavallejo.com/25.html). A Botero se le ha imputado vender obra al narco por medio de galeristas, pero él se desmarca rotundamente. Asegura Vallejo: “Luis Fernando Pradilla y Byron López, de la galería El Museo de Bogotá, se inventaron […] venderles cuadros a los narcos a precios astronómicos. No sólo necesitaban deshacerse de toneladas de cash en Miami, Nueva York, Los Ángeles y Madrid, sino que sus mujeres […] no podían distinguir entre un cuadro bueno y uno malo, y sólo habían oído hablar de dos pintores: Picasso y […] Botero”. Un hijo de éste último, ex ministro de Defensa en problemas con la justicia, recibió presuntamente cantidades multimillonarias del crimen organizado en 1994. El pintor declaró haberse distanciado de su hijo cinco años y no tener la culpa de que su obra guste a los traficantes. Hubo quien le preguntó si había donado su colección personal a Bogotá para lavar la imagen de su hijo.

Posdata

La picaresca del arte en relación con el crimen está llena de historias sobre cocaína descubierta es esculturas falsas de Botero —cuya obra no me convence pero de ello hablaré otro día—, o sobre la compra de obras de arte incautadas en tres millones de pesos colombianos cada una. ¿México podría vivir un fenómeno similar al colombiano en materia de mercado del arte.


(nota de Magali Tercero reproducida del suplemento Laberinto de Milenio.)

Comentarios

Entradas populares de este blog

Gonzalo Rojas (1917/2011 )

Jorge Carrera Andrade (1902/1978 )

Raúl Gómez Jattin (1945/1997 )