VIAJE EN TAXI

Este mediodía me vi casi obligado a tomar un taxi por dos razones fundamentales: la ausencia de transporte urbano por la conmemoración de la Toma de Zacatecas y porque una señora, acompañada de su nieta, tenía que recoger a otro chico del colegio, localizado cerca de la librería La Azotea, donde presto mis servicios profesionales seis días a la semana. A ambos, a la señora y a mí, nos urgía el traslado a nuestros respectivos destinos.
Aproveché el viaje para sondear a nuestro auriga, quienes a menudo son los pararrayos de la opinión pública y tienen un punto de vista honesto, poco influenciados por las "encuestas a la carta" que acostumbran los candidatos y los medios, pocos dados a mentir y falsear las mismas como ya sabemos que lo hacen allá y aquí.
¿Quién cree que ganará las elecciones del próximo domingo 4 de julio?, le formulé de un modo que acaso sonó a zabludovsky, a loret de mola o lópez dóriga o cualquier insoportable higadito de la tele. Con aplomo, pude apreciar, me dijo que el ganador será Miguel Alonso. ¿Por qué? No le pregunté pero quiso fundamentar su juicio.
Porque Alonso Reyes, mientras fue alcalde cuando era gobernador el hermano del ahora candidato petista y seguro derrotado, David Monreal, instituyó la dotación de leche a las colonias populares, prestación del ayuntamiento municipal que luego "desapareció" la administración perredista: y ya estamos hasta la madre de panistas y perredistas, me dijo.
Mientras conversábamos de política la señora y su nieta, que viajaban en los asientos posteriores del taxi, se afanaban en ventilar asuntos propios de ellas: que el hermano escolar, de seguro, ya estaría esperándolas en la puerta de acceso del Liceo Guadalupe, de donde no se iba a ir con el primero que pasase, a menos que ya trajera instrucciones desde casa y que se tratara de alguien conocido de la familia.
He aprendido a atender con ambos oídos a estos trabajadores del volante. Hace unos quince días Gaby, una amiga de ella y yo abordamos un taxi e inevitablemente tratamos el tema de la violencia que asuela al país, del que los conductores saben más que las propias autoridades policiacas y, lo más importante, tienen un sentido común envidiable.
Para no hacer el cuento largo, las compañeras ya se habían bajado tres cuadras antes y yo me había seguido con el conductor hasta el edificio donde vivo. Ya para despedirnos me dijo que las distintas bandas del crimen organizado tienen informantes, "halcones", en los lugares más insospechados, que no hablase por hablar ni criticara de modo superficial las actividades de ellos, los narcos, sobre todo cuando se desconocen los fines que persiguen.
Cuando le extendí la mano para despedirnos, observé que en la cuenca del ojo vacía se le había acumulado una buena cantidad de lagañas y que el otro ojo era de color azul pizarra, como los del gatito Alejandro, que todavía no llegaba a mi vida y de donde desaparecería de una manera misteriosa y abrupta.

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